El "Sofiagate" conmueve a la realeza británica

Londres, AFP

 

Buckingham Palace intentaba este lunes dar vuelta la página al escándalo suscitado por los comentarios fuera de lugar de la nuera de la reina Isabel, Sofía de Wessex, pero el tema de una reforma de la monarquía, incluso de su abolición, volvió a ser de actualidad.

Con la esperanza de poner coto a las críticas, Buckingham se comprometió, hecho sin precedentes según el Times, a estudiar cómo conciliar la carrera personal y los compromisos públicos de los miembros de la familia real.

En la próximas semanas la Casa Real dictará cierto número de normas que se aplicarán a las generaciones presentes y futuras de los Windsor, a fin de evitar los conflictos de intereses que son el núcleo del «Sofiagate», nombre con el que bautizó la prensa a este escándalo.

La reina desea que los miembros de la familia real no se sirvan de su puesto en la misma para hacer prosperar sus negocios.

Por su parte la condesa Sofía, de 36 años, esposa de Eduardo, hijo menor de la soberana, aceptó renunciar a la presidencia de la agencia de relaciones públicas RJH que fundó hace cuatro años, pero seguir manteniéndose en la misma como directora y principal accionista.

Pese a estas decisiones, los comentarios más ingenuos que malévolos de Sofía –a un periodista que posó de jeque árabe para obtener las declaraciones–, sobre el primer ministro británico Tony Blair o su esposa Cherie, e incluso sobre la «buena vieja» de la reina Isabel, tomaron en Gran Bretaña la dimensión de un verdadero escándalo nacional.

A tal punto que reapareció en la prensa británica y los escaños del Parlamento, la espada de Damocles que cada tanto pende de la vida pública británica: la reforma de la familia real.

Para el Daily Mail «es tiempo de desembarazarse de los segundones de la familia real».

El Guardián aprovechó la ocasión y relanzar el debate para abolir la monarquía.

Para el Times, «las relaciones entre la monarquía y los negocios tienen verdadera necesidad de ser desempolvados».

Anoche, varios diputados laboristas llamaron a Blair para que lance un estudio sobre los medios a emplearse para modernizar la familia real. Los republicanos más radicales se pronuncian lisa y llanamente por la abolición de la monarquía.

Blair replicó que apoya la monarquía «a 100%» y que el escándalo en la prensa será pasajero.

Este último remolino podría ensombrecer años de esfuerzos para volver a otorgar brillo y credibilidad al blasón e imagen de los Windsor que había caído en un profundo descrédito tras la muerte de la princesa Diana de Gales en 1997.

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