Las protestas contra el ALCA
Por Niko Schvartz
Varias manifestaciones callejeras y una multiplicidad de mesas redondas, actos y talleres coincidieron con la reunión de los ministros de Comercio de los 34 países de la región (con la exclusiva excepción de Cuba) para poner a punto el proyecto a discutirse en la III Cumbre de los mandatarios de América (menos Cuba) entre el 20 y 22 de abril en Québec, Canadá.
Latinoamericanismo antimperialista
La capital porteña vivió jornadas internacionalistas, particularmente latinoamericanas, con gran peso de las centrales sindicales (continentales, regionales y nacionales). Participaron amplias delegaciones de Brasil (Río Grande do Sul y Santa Catarina), Uruguay (PIT-CNT, Cofe, Fucvam, Attac, etc.), y Paraguay para completar el Mercosur, además de Chile y Cuba. Ello se logró a pesar de que medidas represivas de Argentina en el puente frente a Paysandú impidieron el acceso de camionadas provenientes de Brasil. Hubo actos de protesta en la capital sanducera, destacándose que mientras se discute el libre acceso de mercaderías se discrimina el libre ingreso de las personas. En la tarde del viernes «Crónica» destacó el «repudio masivo de la CGT disidente y de la CTA al ALCA», aludiendo al acto de la primera en Plaza de Mayo, con oratoria de Hugo Moyano, y a la manifestación de la segunda hasta Retiro con discurso de Víctor De Gennaro. Ambos actos, unidos al efectuado el día anterior por la CGT oficial, con participación de la AFL-CIO norteamericana, la Ciosl, la Orit y la Coordinadora Sindical del Cono Sur, evidenciaron según nuestro corresponsal en Buenos Aires una «creciente conciencia antimperialista», ya que en la óptica de los participantes, en un espectro muy amplio, el ALCA implica «la imposición de la hegemonía de Estados Unidos en la región». Por algo, al paso de la manifestación al Sheraton apareció estampado en las paredes un graffiti con la leyenda «No for sale» (no está en venta).
Cláusulas secretas
Con Pérez Esquivel a su lado, De Gennaro denunció que el ALCA contiene cláusulas secretas lesivas a la soberanía nacional de nuestros países, que procuran garantizar por anticipado un régimen de indemnizaciones a los consorcios extranjeros frente a cualquier cambio decidido por nuestros pueblos, en uso de sus facultades soberanas. También en Le Monde Diplomatique fechados en abril se dice que «las negociaciones entre gobiernos y grupos de negocios destinadas a la implementación del ALCA se caracterizan por su clandestinidad». Incluso en el foro empresarial continental que precedió en Buenos Aires a la reunión ministerial de fin de semana, se indicó la necesidad de terminar con las tramitaciones secretas de los acuerdos.
De Gennaro vinculó el ALCA al Operativo Cóndor, denunció el Plan Colombia como instrumento de militarización que amenaza al continente y mejor debiera llamarse Plan Estados Unidos; y destacó la amplitud de la convocatoria argentina, que abarcó sindicatos, organizaciones comunitarias, de desocupados (que cortaron las rutas de acceso a La Plata), partidos y movimientos de izquierda así como sectores de la cultura, académicos y estudiantiles que animaron una docena o más de talleres sobre temas que iban desde aspectos económicos a la agropecuaria latinoamericana y el medio ambiente, las estrategias ciudadanas ante la globalización, dolarización e integración, un encuentro continental bajo el lema «Otra América es posible», un seminario sobre «La democracia participativa como instrumento para la integración» (con intervención de uruguayos de la IMM y de COFE), otro sobre «Movimientos sociales y desafíos ante la integración» en que se presentó un libro sobre el reciente Foro Social Mundial de Porto Alegre, y una mesa redonda final –ayer– bajo la consigna «No al ALCA», con Bernard Cassen (de Le Monde Diplomatique y ATTAC), el argentino Julio Gambina, el brasileño Emir Sader y el uruguayo Daniel Olesker.
El proyecto hegemónico
En el documento presentado por COFE ante la mesa redonda citada también se hace caudal del proceso de negociación «secreta en cuanto a sus contenidos» iniciados en 1994, y se señala que el ALCA procura asegurar «un espacio de hegemonía de los EEUU» que contribuirá a «acentuar las desigualdades y a establecer una división del trabajo en la que los más atrasados operan simplemente como proveedores de recursos naturales y mano de obra barata». Con el agravante de que la potencia de la región se reserva el derecho de mantener los millonarios subsidios a los productos agrícolas que otorga el Tesoro estadounidense, así como las cuotas y las barreras no arancelarias impuestas por los lobbies de productores estadounidenses para impedir el acceso de los productos latinoamericanos a su mercado.
Introduce una precisión muy importante: en el ALCA se retoma una cláusula del frustrado Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), según la cual si una legislación o regulación estatal afecta las ganancias de una empresa, ésta puede demandar directamente una indemnización a los estados ante tribunales arbitrales. Es evidente el menoscabo de las soberanías nacionales.
Concluye que con el ALCA, «de Alaska a la Tierra del Fuego los intereses de las corporaciones estarán por sobre las leyes y los intereses de nuestros países». Y le contrapone un proyecto de verdadera integración de los pueblos latinoamericanos.
De Bush a Bush
Las movilizaciones en Buenos Aires sacaron del secreto de las trastiendas y expusieron a plena luz un tema de actualidad renovada, ya que allí se procuró abonar el terreno para que en Québec se acceda a adelantar la entrada en vigencia del ALCA para 2003, a pesar de la oposición notoria de varios países, en primer término Brasil y Venezuela.
Este es el plan maestro del presidente Bush, fiel al legado de su padre que lanzó la Iniciativa para las Américas desde la Casa Blanca una década atrás, tras el desplome de la URSS y de su victoria en la Guerra del Golfo, como parte integrante de un «nuevo orden mundial».
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