OPINION INTERNACIONAL

UN ESCUPITAJO EN EL OJO

En aquella ocasión, en el momento en que el vicepresidente bajaba del avión el ministro del Interior Eli Yishai (del ultraortodoxo partido Shas) anunciaba la construcción de 1.600 nuevas viviendas en los barrios palestinos de Jerusalén este, lo que significaba la violación de todos los acuerdos internacionales y un sabotaje directo a la reanudación del diálogo palestino­israelí que era el objetivo del viaje de Biden. De hecho, el proceso quedó empantanado. Netanyahu ensayó todo tipo de pretextos para justificar la decisión de su gobierno, desde que ignoraba que se iba a formular el anuncio hasta que lo único malo había sido la oportunidad del mismo. Pero ahora en Washington, se acabaron los eufemismos. Con total descaro, y en el entorno de su reunión con el poderoso lobby israelí en EEUU, le dijo a Obama que las construcciones iban a proseguir, por más oposición que hubiera. El desacuerdo con el presidente estadounidense fue completo. Era evidente que el canciller Avigdor Liberman, el líder racista y xenófobo de Israel Beiteinu, y los ultraortodoxos le hacían marcar el paso al gobierno.

Pero había todavía más. Porque en el momento mismo que se desarrollaban las conversaciones, se anunció desde Israel la construcción de 20 nuevas viviendas en el barrio palestino de Sheik Jarrah en Jerusalén este (donde hubo expulsiones en masa de palestinos el año pasado). Parece premeditado. Una provocación sobre otra. La negociación con Obama se fue al diablo. No hubo declaración conjunta a la prensa, ni fotos, ni nada.

En la crónica de un corresponsal en Israel del día 25 se lee: «La Casa Blanca solicitó ayer a Israel aclaraciones sobre sus nuevos planes en Jerusalén oriental, que se suman al proyecto de construir 1.600 nuevas viviendas en ese sector de la ciudad, que desató, hace dos semanas, una de las peores crisis diplomáticas entre EEUU e Israel. Washington había calificado de ‘insultante’ el hecho de que se informara de ese plan en ocasión de la visita del vicepresidente Biden. Este nuevo proyecto, financiado por el millonario estadounidense Irving Moskowitz, prevé demoler un hotel viejo, el Shepherd, y construir en el lote 20 viviendas para judíos y un estacionamiento subterráneo de tres niveles. El plan, que se suma al proyecto anterior, podría interpretarse como una provocación por la Casa Blanca y el Cuarteto de Medio Oriente (EEUU, Rusia, la ONU y la Unión Europea) que ya manifestaron su condena a este tipo de iniciativas de Israel. La comunidad internacional no reconoce la anexión por parte de Israel de la parte oriental de Jerusalén, conquistada en la Guerra de los Seis Días de 1967″. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon reclamó a Israel evitar «acciones provocadoras» que enturbien el diálogo con los palestinos y la fijación del status definitivo de Jerusalén.

El legislador israelí Eitan Cabel (del Partido Laborista, integrante de la coalición de gobierno) acusó al primer ministro de provocar a Estados Unidos, descartó que se tratara de un error desafortunado o un malentendido, y concluyó: «Netanyahu decidió escupir en el ojo de Obama, esta vez desde cerca. El y sus ministros piromaníacos insisten en prenderle fuego a Medio Oriente».

Hay otro frente más abierto. Netanyahu se había comprometido a cancelar las nuevas construcciones en Cisjordania por un período de diez meses que vence en setiembre. Esto no se ha cumplido, las construcciones continuaron. Obama solicitó que se prolongara la moratoria. Netanyahu se negó rotundamente. Y ahora mismo, organizaciones cristianas palestinas denuncian la construcción de nuevos asentamientos israelíes en Belén, lo que consideran como «un crimen, no solamente contra los palestinos, sino contra la cristiandad», destacando que estas construcciones los aíslan de sitios sagrados como el Monte de los Olivos y otros.

El presidente Lula, que visitó recientemente Israel, Palestina, Jordania y luego Irán, dijo en una celebración del Día de la Comunidad Arabe en Brasil realizado en San Pablo que el proceso de paz palestino­israelí debe involucrar a la ONU, a todos los países de la región y a la comunidad mundial, tal cual lo expresara en la propia Knesset. Criticó el muro erigido por Israel y defendió su viaje a Irán, «para que no pase allí lo mismo que pasó en Irak».

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