Entre afianzar el Mercosur o acelerar el ALCA

El superministro Cavallo provoca roces con Brasil

Por Isidoro Gilbert – Corresponsal en Argentina

 

Es un asunto que ya se escurre de las manos de los líderes económicos y políticos, como lo revelaron las jornadas de lucha contra el ALCA, donde intervinieron las tres centrales sindicales, aunque en forma separada, más unas 200 organizaciones. Como ocurrió con la designación de Ricardo López Murphy como fugaz ministro de Economía por el empujón que le dieron las masas populares, en el futuro las autoridades deberán tenerla en cuenta cuando decidan ante este proyecto para la sociedad americana que impulsa USA.

Cavallo es contradictorio. En Nueva York su jefe de asesores, Guillermo Mondino, que recorrió el espinel de los analistas mientras el ministro explicaba a banqueros e inversores sus objetivos en el corto y mediano plazo, sostuvo que el ALCA es el norte del padre de la convertibilidad. La fórmula «vamos hacia allá pero negociando con el Mercosur», no siempre tiene el mismo contenido en los que la formulan. En la cancillería se preservan las relaciones con Brasil, porque el Mercosur es un objetivo estratégico. Cavallo un día lo pondera y el otro lo hunde. Fueron sus decisiones unilaterales con el socio clave de modificar aranceles acordados por el emprendimiento los que provocaron el mayor roce en las relaciones bilaterales desde que Carlos Menem chocara con los vecinos cuando colocó a la Argentina en aliado extra-OTAN, propuso la intervención militar en Colombia, o les aconsejó que dolarizaran su economía. Al final –le enrostró la prensa brasileña– «Cavallo debió ceder».

De hecho esas idas y vueltas decidieron al presidente Fernando Enrique Cardoso, suspender su viaje, clave en vísperas del encuentro de Québec donde todos los presidentes americanos definirán si siguen los objetivos de los EEUU para el ALCA, o asumen una postura de defender objetivos que no pongan en peligro sus economías cuando la idea comience a ponerse en marcha. Ante su imposibilidad, Washington no busca 2003 como año del lanzamiento, como se mostró en la preparatoria de Buenos Aires y en el borrador para la Cumbre.

Hay una nueva realidad en Sudamérica después de la coincidencia brasileño-venezolana y el pedido de Caracas de ingresar al Mercosur, como puente para incorporar a los países andinos, que transformará la realidad geopolítica y económica de esta parte del mundo. En el Palacio San Martín por ahora creen que es un misil hacia Washington que lanzó Cardoso y el muy dispuesto para esta faena, Hugo Chávez: pueden cometer un error de cálculo, parece no apreciar el cambio de calidad operado en la región, pese a que Uruguay salió a frenar el ingreso de Venezuela al Mercosur.

La primera tarea del canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, a fines de 1999, fue restañar las heridas dejadas por Menem en la relación con Brasil. Cavallo se lo dijo a los vecinos: «Una cosa es lo que escribí como académico, otra la que tengo que hacer como político», mensaje reparador, sin duda, pero que no se condice con gestos y palabras sumamente agresivas como acusar a Brasil de querer provocar la devaluación del peso, palabras que más tarde, como siempre, se relativizaron.

 

¿Quién maneja la política externa?

En la cancillería las acusaciones provocaron igualmente pánico. Sospechan que Cavallo busca el auxilio del gobierno norteamericano y que para obtenerlo, puede provocar algún tropiezo con el gran vecino. La idea del ministro de negociar separadamente con los EEUU como lo hace, sin éxito aún, Chile, para ingresar al Nafta (la zona de libre comercio norteamericana, antesala del ALCA) sin abandonar el Mercosur, no va a facilitar el fortalecimiento de este emprendimiento y sobre todo, puede deteriorar los vínculos comerciales con el mayor comprador de la producción Argentina. De hecho está ocurriendo lo que se temía: que lo medular de la política externa se vaya desplazando hacia la visión de Cavallo. Es él quien habla con líderes de grandes países. Lo menos que se puEde decir es que esa propuesta es inoportuna para volver a restablecer la armonía con Brasil si realmente el gobierno quiere acordar una posición conjunta en Québec, para que los EEUU se comprometan a derrumbar las barreras a la producción, un proceso no sencillo y por lo tanto que no debe estar sujeto a la imposición de fechas, ni aun 2005.

Las reuniones que el ministro el martes tuvo en Nueva York no despejaron totalmente el panorama con el mundo financiero. De todas maneras, logró en el mercado interno 3.500 millones de dólares que lo resguardan del default. Ya se sabe que Cavallo produce admiración por sus ideas, su practicidad y empuje. Hay banqueros que llevarían hasta a su esposa y el perro para que lo conocieran. Y tiene padrinos poderosos. Pero su insistencia en introducir al euro como parte de las transacciones dentro del país y con Europa, así como la falta de precisiones sobre cómo cumplirá las metas fiscales después del agujero de mil millones de pesos con que se desfasaron las cuentas del primer trimestre, dejó un tendal de dudas.

De todos modos, la fugaz visita de ayer del jefe del gobierno francés, Lionel Jospin, y del presidente de China Popular, Jiang Zemin, son excelentes ocasiones para que el gobierno exhiba independencia. Pekín fue visualizado como un aliado estratégico para el Asia y allí estuvo el presidente meses atrás para reforzarlo. El incidente chino-norteamericano, que parte de las necesidades de política externa de Washington y para poner en movimiento su maquinaria industrial bélica, como medida anticrisis, hace sentir su peso sobre la Argentina.

 

El euro o la presencia de Europa

La propuesta para utilizar el euro no es un juego teórico. Es la moneda de los países que encabezan las inversiones. Solamente España supera a las de los EEUU; Francia tiene en la Argentina la prioridad de sus intereses en Latinoamérica y ya se sabe del peso de las italianas y alemanas. El país necesita apoyarse en esta realidad y el Mercosur es el ámbito que los europeos reconocen como el más razonable para ampliar los negocios. Hay una realidad creciente: es la lucha por los mercados entre EEUU y Europa, que se expresa entre el dólar y el euro. Latinoamérica no sólo apetece a ellos: los chinos comienzan a pedir espacio, como lo revela la gira de su presidente.

La idea del euro como moneda de transacción es un acto del realismo del contradictorio Cavallo. También la de conseguir que el Banco Central deje de ser un obstáculo para la reactivación. Como siempre, el ministro pega y luego aclara o pide disculpas. Lo que no hay que perder de vista son sus objetivos y por eso él no encuentra una contradicción en criticarlo a Pedro Pou un día después de haberlo felicitado. Pero quiere su relevo para que el Banco Central entre en sintonía con sus propuestas de reactivación y en defensa de las presiones para que de la crisis se sale dolarizando la economía.

Por ahora, salvo los gravámenes a las transacciones comerciales y los anuncios para defender la producción de la competencia, hay mas promesas que realidades. El abismo que lo coloca en el Palacio de Hacienda sigue en el mismo sitio. Sólo hay menos mareados y alguna posibilidad de llegar al valle.

En el entorno presidencial brindan como en los días del fugaz furor por el blindaje. Celosos prematuros pergeñan limarle protagonismo al ministro proclamando la reelección en 2003 de De la Rúa. Otros como el titular de educación, Andrés Delich, piensan que son innovadores instalando inoportunamente un debate sobre el ingreso las altas casas de estudio. Prudentes funcionan los gobernadores radicales y el jefe del gobierno porteño. Apoyarán lo positivo, no dejarán de criticar lo que consideren perjudicial: el enfoque de la A
lianza política que llevó a la Rosada a De la Rúa y que no está representada en el gobierno. Cavallo se siente fuerte y va por más: quiere controlar un nuevo superministerio de Seguridad Social que tendrá un presupuesto de 25 mil millones de dólares. Si esto es así, la vieja Alianza debería cantar las hurras.

 

Las penurias de Chacho

La Alianza necesita que se exprese, no solamente por tranquilizar a radicales y frepasistas sino para equilibrar (o frenar) el poder de Cavallo. El Frepaso sufre una sangría en la Cámara baja, en la legislatura bonaerense y del único representante del Partido Socialista Popular que dejó su cargo en el gobierno en repudio al ministro de Economía. Algunos piensan que la hégira se podría frenar con una representación política de nivel de esa agrupación en el gabinete. La idea de repartir representaciones mediante el recurso de crear nuevos ministerios es contradictoria con los mensajes de austeridad. ¿No se hace necesario que el presidente, Raúl Alfonsín y Carlos Chacho Alvarez encuentren un ámbito de decisiones políticas que satisfaga a la Alianza hasta que Cavallo muestre que se sale del abismo?, es lo que piensan algunos.

De estas cosas hablan Alfonsín y Chacho, sin encontrarle la vuelta. Algo tienen claro: deben lograr la mayor cohesión posible para poder actuar en la Cámara baja como contrapeso del ministro, si éste va más allá de las delegaciones que le concedieron. En el radicalismo suponen que un frepasista de peso debería ser jefe de gabinete y algún alfonsinista de pura cepa en otro cargo relevante. La cabeza de De la Rúa podría estar en otro sitio.

Aunque se quiere evitar hablar de las elecciones de octubre están en el cuchicheo de todo el espacio político. Va de suyo que brotan las especulaciones. Si Cavallo integrará la Alianza, como lo deslizó el presidente ante el furor de muchos radicales y la prudencia de Chacho, o si Acción por la República hará las combinaciones que más le interese para la acumulación política de su jefe. Son ejercicios de imaginación que tienen el eco de un canto bajo la ducha. Montarse en el éxito anticipado es otra muestra de inmadurez de personajes del entorno presidencial.

Todo depende no del triunfo de una gestión, Cavallo no tiene tiempo para tanto si en los comicios de octubre se piensa, sino mostrar que hay un cambio en la tendencia que justifique que se mantengan las expectativas de la gente. Una frustración provocaría lo imprevisible y un desaliento generalizado.

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