Escrito por: Niko Schvarz |
Se ha desatado una furiosa campaña internacional contra Cuba, amplificada por todos los medios, y que sin duda continuará in crescendo en las próximas semanas. A esos efectos se ha pretendido trasmutar la imagen de Orlando Zapata, un preso de derecho común acusado de numerosos delitos desde 1990 y fallecido en prisión, por la de un disidente político contra el régimen cubano. Sobre esa base se inflan las velas de la provocación y la difamación contra Cuba, que vienen desde el inicio mismo de su revolución socialista.
La imagen de quien se pretende presentar como una víctima no se condice con la de quien en el año 2000 le fracturó el cráneo de un machetazo a un compatriota suyo (Leonardo Simón); que estuvo preso desde diez años antes por dos cargos de estafa, lesiones, tenencia de armas blancas, exhibicionismo público y alteración del orden, y después por actos de violencia cometidos en la cárcel contra funcionarios, por lo cual se le aumentó la pena. No es ni por asomo un “preso de conciencia” ni integra el grupo de los 75 condenados en marzo de 2003 a penas de prisión por haber recibido fondos o materiales del gobierno estadounidense para realizar actividades subversivas.
Por otra parte, desde que inició la huelga de hambre el 18 de diciembre 2009, le fueron prodigados todos los cuidados médicos en centros hospitalarios bien provistos, como lo reconoció su madre Reina Luisa Tamayo (que ella sí a cierta altura se vinculó con los grupos opositores): del puesto médico de la cárcel fue trasladado al hospital provincial de Camagüey y luego al hospital especial de detenidos en La Habana , donde además se le suministró alimentación voluntaria por vía parenteral (intravenosa) y digestiva (por sonda). En la etapa final apareció una neumonía doble que fue debidamente tratada, y se le colocó respiración artificial hasta su deceso. O sea que en modo alguno se puede culpar al gobierno cubano de esta muerte, que por otra parte es la primera que se verifica en una cárcel cubana desde 1972. Cuba asegura una correcta atención a la salud de todos sus ciudadanos, independientemente de cualquier factor, e incluso ofrece ayuda solidaria a otros países en esa materia, como está más que demostrado.
Por encima de la campaña cenagosa de tergiversaciones y mentiras, sigue siendo cierto lo que señaló el presidente Raúl Castro desde el primer momento. Lamentó la muerte (como nos duele a todos, cada uno es un ser humano), señaló que se le brindaron todos los cuidados adecuados y concluyó con esta frase que es el mejor resumen de la situación: “En medio siglo nosotros no asesinamos a nadie, no torturamos a nadie, jamás realizamos una ejecución extrajudicial. De hecho, sí en Cuba se ha torturado, pero en la base naval de Guantánamo, no en el territorio donde gobierna la revolución”. Y en su respuesta a la declaración del Parlamento Europeo sobre este tema, la Asamblea Nacional cubana recordó que los países del viejo mundo participaron o permitieron el contrabando aéreo de detenidos, el establecimiento de cárceles ilegales y la práctica de torturas, en referencia a las cárceles secretas de la CIA en Europa, del mismo modo que a Abu Ghraib en Bagdad, como ha sido públicamente reconocido. Allí se torturó y se asesinó a mansalva. En la discusión internacional generada a este respecto se recordó las numerosas huelgas de hambre sucedidas en el mundo en el último período (ninguna de las cuales tuvo la repercusión mediática de esta última), los suicidios en las cárceles francesas y el antecedente de la muerte del irlandés Bobby Sands en prisión (ver recuadro).
Pero la campaña sigue, y los mismos que se regocijaron porque finalmente encontraron un mártir (que es lo que estaban buscando), apuestan ahora a otra muerte, en el caso la de Guillermo Fariñas, un ex militar que se pasó a la contrarrevolución y está realizando una huelga de hambre en Santa Clara. En el debate suscitado en el ámbito parlamentario uruguayo, un senador blanco especuló abiertamente con la posibilidad de esta otra muerte.
Decíamos que uno de los objetivos específicos de esta campaña es de impedir que la Unión Europea reconsidere y revierta lo que se ha denominado la Posición Común contra Cuba. Se trata de una medida injerencista adoptada por la Unión Europea en 1991, y por tanto equiparable en sus propósitos y en su fecha de formulación a la tristemente célebre ley Helms-Burton, que profundiza el infame bloqueo que la isla soporta desde hace casi medio siglo. Ahora la Unión Europea está presidida por España, y el gobierno de Rodríguez Zapatero parece inclinarse a cambiar esta situación, con posible apoyo de otros países. La derecha más recalcitrante, que ha afirmado sus posiciones en Europa, se opone a capa y espada y persiste en la cerrada postura anticubana.
Por eso hay que prepararse para que la campaña tremebunda contra Cuba prosiga por lo menos hasta junio, mes en que finaliza la presidencia española de la Unión Europea.
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