¿Una Intifada o una guerra?

Jerusalén, AFP

 

Con la persistente violencia estos últimos días en los territorios palestinos y en Israel, y el aumento del número de víctimas, varios analistas y responsables de ambas partes comienzan a utilizar directamente la palabra «guerra».

El balance de muertos desde que comenzó la Intifada, el 28 de setiembre pasado, ascendía unos 470, y siguen aumentando los heridos, en medio de una espiral de violencia incontrolable, que analistas no dudan de calificar de «guerra».

Un ataque de Israel con helicópteros contra las fuerzas de seguridad palestinas en la Franja de Gaza dejó 55 heridos el martes pasado. Esa acción era una represalia por disparos de mortero efectuados horas antes por los palestinos contra una colonia judía, donde un bebé de diez meses resultó gravemente herido.

El jueves, Iyad Hardan, presentado como comandante del brazo militar del Jihad Islámico en el norte de Cisjordania, murió en Jenín, cerca de Naplusa, en un atentado con explosivos atribuido a Israel, por fuentes palestinas. Días antes otro militante del Jihad había sido asesinado por los israelíes en una acción calificada de «preventiva», mientras dos soldados de Israel caían en Cisjordania.

La muerte de Hardan puso en entredicho las esperanzas surgidas la víspera en una reunión israelo-palestina de alto nivel, con presencia de Estados Unidos, la primera desde la llegada al poder del primer ministro Ariel Sharon, el pasado 7 de marzo.

El Jihad Islámico, que prometió una respuesta dura y rápida, se opone violentamente al proceso de paz y reivindicó en los últimos años varios atentados antiisraelíes.

El contexto general de tensión se exacerbó aún más con la decisión de Israel de abrir una licitación para la construcción de 708 viviendas en dos colonias de Cisjordania.

La Intifada, es según los argumentos de cada bando la causa o la consecuencia, de ese clima de violencia. Para los palestinos, la rebelión popular es una respuesta lógica ante un Estado intrasingente que no respeta sus derechos legítimos y los oprime. El combate, afirman, no cesará hasta que Israel acceda a las reivindicaciones palestinas.

Israel por su parte estima que la Intifada y las acciones «terroristas» impiden toda negociación tendiente a lograr un tratado de paz, y critican al presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat por su «doble lenguaje».

Sharon que logró imponer su política de mano dura, es apoyado por cerca de 80% de sus compatriotas, que exigen el cese de hostilidades antes de toda negociación y que piensan que el ex primer ministro laborista, Ehud Barak, hizo todas la concesiones que podían hacerse a los palestinos en su «oferta» de paz. La posición intransigente de Sharon no debería relajarse, pese a que no puede utilizar toda la capacidad militar del ejército israelí, porque ello sería inaceptable para la opinión internacional .

Paralelamente, el canciller israelí Shimon Peres, laborista y artífice de los acuerdos de Oslo de 1993, siguió esta semana proponiendo la solución «alternativa» a la violencia en su gira europea. Peres repitió que su país no quiere «castigar a la población» de los territorios palestinos, sino sólo «poner un fin a la violencia». Incluso afirmó que era urgente retomar las negociaciones con los palestinos.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje