Alejandro Toledo

Lima, Reuters

 

En sus mitines le gritan a coro «Pachacútec», comparándolo con un Inca conquistador, y Alejandro Toledo levanta la bandera peruana seguro de ganar la presidencia el 8 de abril, para la que es el favorito.

Toledo lideró el año pasado una resistencia contrtencia contr a el gobierno del ex mandatario Alberto Fujimori, destituido por un escándalo de corrupción, acusándolo de robarle la presidencia en las elecciones de 2000, denuncidas como fraudulentas.

Ahora, tras sus intentos en 1995 y el ao pasado, está más cerca que nunca de convertirse en el primer presidente democrático de marcados rasgos indígenas.

«Soy terco, un indio rebelde con causa», se autodefine para describir su tenacidad para llegar al Palacio de Gobierno.

Toledo, quien de niño fue lustrabotas, lidera todas las encuestas, muy arriba de sus más cercanos rivales: la abogada Lourdes Flores y el ex presidente Alan García.

Sin embargo, todo parece indicar que habrá una segunda ronda electoral pues se prevé que ninguno de los aspirantes logrará más del 50 por ciento de los votos requeridos para ganar en la primera.

Toledo, de 55 años, emergió el año pasado como el principal rival de Fujimori en un avance considerado por los analistas como un «huayco» (avalancha en quechua).

Su humilde pasado, viviendo en una casa con 14 hermanos, ha despertado emociones en este país andino de 25,7 millones de habitantes y donde la mitad es indígena y pobre.

A Toledo –un economista que fue consultor de las Naciones Unidas, asesor del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo– le gusta que lo comparen con un Inca y eso lo alienta más en su estrategia electoral.

«No puedo olvidar mis raíces y orígenes. iNunca olvidaré a mi pueblo, carajo!», exclama Toledo mientras sus seguidores le gritan «iPa-cha-cútec, Pa-cha-cútec!» en uno de sus mítines.

«Eso me halaga», dice Toledo al referirse a la comparación con el Inca que extendió su imperio por casi toda Sudamérica y que empezó a construir la famosa ciudadela de Machu Picchu.

En honor a su origen, Toledo lleva como insignia el símbolo del Sol del Imperio Incaico, «la chacana», que en su apogeo y bajo la conducción de Pachacútec, se extendió en el siglo XV desde el sur de Colombia hasta el norte de Argentina y Chile.

Durante la campaña electoral, Toledo ha sido blanco de denuncias en torno a su vida privada que, en lugar de afectarlos, vio reforzado su postulación al presentarse como víctima, según analistas. Primero fue el caso de una supuesta hija extramarital, negada por el candidato, y su rechazo a realizarse una prueba de ADN para comprobar la presunta paternidad.

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