Elecciones en la OEA
El 14 de marzo es el día fijado para las elecciones de la OEA. El secretario general José Miguel Insulza, que asumió en mayo 2005, es candidato a la reelección (en dupla con el surinamés Albert Ramdin como adjunto) y el único que se ha presentado. Por ahora.
Decíamos ayer (ver la nota «La Secretaría General de la OEA») que Insulza es el primer secretario general del organismo que no ha sido llevado al cargo por Estados Unidos (como ocurrió sin excepción en todos los casos anteriores, desde su fundación en 1948) y que no cuenta con su aval. Mejor dicho, que llegó a la secretaría contra la opinión y el voto de EEUU y su influencia sobre otros países. Es una buena ocasión para examinar, desde este ángulo, las relaciones de EEUU con el conjunto de las naciones sureñas, en esta hora de cambio en América Latina que de algún modo la propia OEA refleja.
Recordamos asimismo que en su última asamblea general efectuada en San Pedro Sula, Honduras, 25 días antes del golpe de Estado del 28 de junio 2009, la OEA había adoptado una decisión trascendente: la de anular la resolución de la conferencia de cancilleres del 31 de enero 1962 en San Rafael, Uruguay, que excluyó a Cuba del sistema interamericano. Cuba quedaba habilitada a reingresar al organismo. Resolvió no hacerlo, en atención al oscuro historial de la OEA, desde que en su seno John Foster Dulles decretó en 1954 la invasión mercenaria que transformó en un lago de sangre la Guatemala democrática del coronel Jacobo Arbenz, y luego cohonestó las invasiones del imperio a República Dominicana (1865), la isla de Granada (1983), Panamá (diciembre 1989), para citar los hechos más relevantes.
Pero la contradicción irreductible entre EEUU y los países al sur del Río Bravo ya se venía manifestando en diversos escenarios desde el inicio del nuevo siglo y milenio, con la particularidad de que el imperio sufría una derrota tras otra. Era un cambio sustancial respecto a la situación que prevalecía a lo largo de todo el siglo pasado, y antes aún. En la IV Cumbre de las Américas efectuada en Mar del Plata el 4 y 5 de noviembre 2005, en que participó el presidente George W. Bush, el proyecto del ALCA que era un plan de nueva forma de colonización y predominio estadounidense de norte a sur del continente, originado en la Iniciativa de las Américas de Bush padre en 1990- fue definitivamente enterrado por la acción conjunta de los gobiernos del Mercosur y de Venezuela y de los movimientos sociales movilizados.
La política exterior estadounidense ya había sufrido un revés significativo en la Cumbre Iberoamericana de Salamanca (14 y 15 de octubre 2005) donde se votó por unanimidad contra el bloqueo a Cuba y por la extradición del architerrorista Luis Posada Carriles (que sigue paseando por Miami); y en la propia Asamblea General de la ONU (8 de noviembre 2005), 182 países contra 4 promovieron el cese inmediato del bloqueo a Cuba, a lo que se agregó luego el reclamo universal del cierre del centro de torturas de Guantánamo, en territorio usurpado a Cuba desde hace más de un siglo. En la votación de la Asamblea General de la ONU del 30 de octubre 2007, el número de países que condenaron el bloqueo se elevó a 184, contra los mismos cuatro: EEUU, Israel, las islas Marshall y Palau. En los años siguientes, el número de votos contra el bloqueo en la Asamblea General de la ONU creció aún más, hasta abarcar a todos los países integrantes del organismo internacional, con excepción de los cuatro mencionados.
Estos episodios muestran el aislamiento de EEUU en los organismos internacionales, que volvió a revelarse en los debates de la OEA y del Grupo de Río en marzo de 2008 sobre la violación de la soberanía y la integridad territorial de Ecuador por parte de las fuerzas armadas colombianas, con el apoyo de la inteligencia estadounidense, el día 1º de ese mes en Sucumbíos (acaban de cumplirse dos años). En la reunión de consulta de cancilleres de la OEA del 17 de marzo, el único país que no votó el rechazo a la actitud de Colombia fue Estados Unidos.
Este proceso culmina, en cierta forma, con la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) por decisión de la Cumbre de la Unidad efectuada en la Riviera Maya, próxima a Cancún, México, el 22 y 23 de febrero pasados. A partir de ahí, el tema de la unidad y la integración de la América Latina y caribeña se plantea de una manera nueva. Se ha creado un organismo que agrupa sin excepción a todos nuestros países, y excluye expresamente a los Estados Unidos y a Canadá. Se va camino a cumplir el sueño de la unión de repúblicas que prefiguraron Simón Bolívar y José Martí. Fidel Castro destacó la «enorme trascendencia» de la creación de la Celac y afirmó que «ningún otro hecho institucional de nuestro hemisferio durante el último siglo refleja similar trascendencia». Es de esperar que en la reunión de julio 2011 en Caracas, en el 200º aniversario de la independencia de Venezuela, se determinen las coordenadas programáticas, orgánicas y estatutarias del nuevo organismo y que éste eche a andar. Será un cambio marcado en la actual realidad internacional. Por ahora va a coexistir con la OEA, que estos días renueva sus autoridades. En el futuro, se verá.
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