Concepción, entre pillajes y extrema tensión
La AFP fue testigo de cómo un par de hombres sacaban de un supermercado en el centro de Concepción una lavadora que introducían en el baúl de un auto. Otro más corría empujando un carrito de supermercado lleno de cervezas, y uno más se alejaba con un televisor de plasma en su caja.
Pero para la mayoría, el saqueo de los supermercados era una cuestión de supervivencia en esta ciudad, 500 kilómetros al sur de Santiago, epicentro de un terremoto el sábado de 8,8 grados y que hoy amaneció bajo lluvia y con la luz y las comunicaciones cortadas.
«Esto es para mis hijos, es la única forma que tengo de alimentarlos», decía un hombre con los ojos llorosos explicando su empeño en violentar una puerta metálica para ingresar al supermercado.
«Tenemos que comer», señaló una mujer que pedía leche. «Quienes tienen hijos me entienden» decía, quejándose de que un supermercado estaba saturado de gases lacrimógenos: pocos minutos antes, la Policía intentó reprimir los pillajes con tanques lanza agua (llamados popularmente ‘guanacos’) y con gases.
«No es robo, es desespero. No tenemos nada para comer ni para beber», decía una mujer de unos 30 años a la televisión chilena a la salida del supermercado Líder, en el centro de Concepción, ciudad de medio millón de habitantes.
«Si hoy no logramos solucionar el tema de alimentos nos enfrentaremos a una situación muy conflictiva», expresó la alcaldesa de Concepción, Jacqueline Van Rysselberghe, quien señaló que «la situación se está saliendo de control».
«Estamos a fin de mes y no hay reservas en los hogares. Pero nada justifica el pillaje, el vandalismo y el robo», dijo.
La situación se replica en Penco, población de unos 50.000 habitantes a 10 kilómetros de Concepción.
«Tengo cuatro guaguas (bebés)», grita una mujer, mientras se quita el abrigo de lana que lleva para envolver dentro de él varias bolsas de pañales, luego de entrar por un gran ventanal del supermercado Unimarc, que minutos antes los hombres del pueblo derribaron a golpes de palos y piedras.
Otros lanzan botellas de aceite, bolsas de pañales y latas de conservas hacia el exterior por el ventanal roto, mientras que algunos salen con carros llenos de vituallas, frente a la mirada de agentes policiales que no intervienen. Concepción ofrecía en varios sectores un espectáculo de desolación, con edificios desmoronados y vehículos aplastados bajo los escombros.
Para agregar a una tensión casi insoportable, las réplicas proseguían, algunas muy fuertes. Desde el sábado ha habido unas 115 de ellas.
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