LA CUMBRE DE LA RIVIERA MAYA
En esta Cumbre, en la que participa el presidente Tabaré Vázquez, confluyen dos organismos. Por una parte, el Grupo de Río, creado en 1986 en la antigua capital brasileña después de las exitosas gestiones pacificadoras del Grupo de Contadora en países de América Central y que desempeñó recientemente un papel destacado en su reunión de Santo Domingo con relación a la invasión de Colombia a Ecuador en Sucumbíos el 1º de marzo de 2008, restableciendo a plenitud la vigencia del principio del respeto a la soberanía territorial de los estados y condenando la actitud del gobierno de Uribe. El otro organismo es la II Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC) sobre integración y desarrollo, denominado Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, que celebró su reunión inaugural en diciembre 2008 en Costa de Sauípe, estado de Pará, en el nordeste brasileño. Allí se afirmó el concepto de avanzar en la integración y el desarrollo de la región sin la intervención de las potencias de la América del Norte. En esa instancia, el presidente Lula declaró que «el desafío de unir voluntades y tender puentes entre las naciones de la región, pese a su diversidad, garantizará el resultado exitoso de este encuentro». La reunión culminó con la inclusión de Cuba como miembro pleno del Grupo de Río, conformado además por Colombia, México, Panamá, Venezuela, Argentina, Perú, Uruguay, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Guyana, Haití y Belice (22 en total).
Lo que ahora se propondrá es una suerte de fusión de estos organismos en una única Unión o Comunidad Latinoamericana. El CALC tiene 33 miembros: todos los del Grupo de Río y además Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Dominica, Granada, Jamaica, San Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Trinidad y Tobago, Surinam.
En las horas previas a la cumbre, el presidente Chávez declaró que «siguen soplando vientos de cambio en América Latina», que en la reunión propondrá la creación del organismo mencionado «para desprendernos definitivamente del coloniaje que EEUU le impuso a este continente; éste es el siglo de la liberación de América Latina y el Caribe». El presidente boliviano Evo Morales, que será recibido por organizaciones indígenas mexicanas y por el jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, declaró a «La Jornada» que «debemos avanzar en nuestra unidad sin el imperio» y que «se gesta un nuevo movimiento político de jefes de Estado de Latinoamérica hacia una nueva OEA sin el Norte, sin Estados Unidos ni Canadá». En sentido análogo se pronunció el presidente ecuatoriano Rafael Correa, con el agregado de que destacó la incapacidad de la OEA en la solución de conflictos como el originado por el golpe de estado del 28 de junio pasado contra el presidente constitucional Manuel Zelaya. (Entre paréntesis, el gobierno de Porfirio Lobo, surgido de elecciones espurias realizadas bajo el régimen golpista, no ha sido invitado a la Cumbre, que sin duda abordará el tema de Honduras).
La declaración citada pone el acento en la actuación de la OEA bajo la hegemonía de EEUU desde su misma creación, y estuvo marcada por la intervención del secretario de Estado John Foster Dulles en la X Conferencia Panamericana de Caracas en 1954, que decretó la invasión de Guatemala por tropas mercenarias y el derrocamiento sangriento del régimen democrático del coronel Jacobo Arbenz. De ahí en adelante, la OEA cohonestó todas las intervenciones militares del imperio contra los países de América Latina, como la de Santo Domingo en abril de 1965, de la isla de Granada en 1983, de Panamá y la masacre inaudita de Los Chorrillos en diciembre 1989. Estas prolongan las que realizó en América Central y en Haití (como se recordó con razón) a lo largo del siglo pasado, e incluso del anterior.
Justamente, el tema de una eficiente y pronta ayuda al sufrido pueblo de Haití estará sin duda presente en la reunión de Cancún, así como el bloqueo a Cuba, que se mantiene y se renueva (como lo prueban últimos hechos, bajo la administración de Barack Obama) a lo largo de casi medio siglo. Sin olvidar que la reunión se efectúa en el bicentenario de la independencia de México y en el centenario de la revolución mexicana, que antecedió la revolución rusa de 1917.
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