El FSM termina con propuestas
«El modelo capitalista extractivista que necesita un crecimiento frenético para mantener el sistema produce emisiones catastróficas (de gases contaminantes a la atmósfera), crisis de alimentos y la pérdida de millones de empleos», denunció el belga Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo.
La de este año fue una edición conmemorativa del Foro, mucho menor a las habituales de este evento que en los últimos años ha mostrado desgaste, luego de que en 2001 revolucionara la denuncia social al reunir por primera vez a miles de activistas y organizaciones ciudadanas de todo el planeta, también en Porto Alegre.
En aquel entonces, el ambiente era festivo e irreverente, en reclamo de «otro mundo posible», contrario al propuesto por las élites del Foro Económico de Davos, que se reúne en iguales fechas en Suiza. Esta reunión, durante la cual los organizadores plantearon que el movimiento de organizaciones sociales que reúne el evento debía elaborar nuevas propuestas para su futuro, fue un puente al próximo Foro Social Mundial de Dakar, en 2011.
Los llamados altermundialistas tienen algunas propuestas concretas como una tasa a las transacciones financieras y la anulación de la deuda de los países en desarrollo, que podrían generar un gran monto para combatir la pobreza, así como una reducción drástica de las emisiones perjudiciales para la atmósfera.
El sistema financiero internacional, cuya reforma intriga incluso a las élites de Davos (Suiza), sigue siendo el villano de los altermundialistas.
El presidente estadounidense, Barack Obama, «puso trillones en los bancos y estos no crearon más empleo sino que se hicieron más ricos», denunció Pablo Solón, embajador de Bolivia en la ONU.
Dos son los nuevos conceptos estrella del Foro Social: el bien vivir y los bienes comunes, bases para un orden «que sale de la búsqueda de lucro a cualquier costo», explica uno de los fundadores brasileños del evento, Chico Whitaker. «Bien vivir es una herencia de los pueblos indígenas, quiere decir vivir en armonía con la naturaleza y entre nosotros, sin necesidad de acumular, producir más», explicó Roberto Espinoza, de la coordinadora de organizaciones indígenas de Perú.
Los «bienes comunes» son aquellos que para ellos no son pasibles de privatización: agua, alimentos, conocimento, tecnología.
La catástrofe humanitaria en Haití, que atribuyen a decenios de desidia de los países ricos, ocupó un lugar preeminente en la semana de debates en múltiples lugares de la ciudad. Los movimientos sociales reunidos en Porto Alegre quieren control ciudadano de la reconstrucción del país, algo que en general no ocurre en estos casos.
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