Ataúdes de cartón para los pobres
Bogotá, AFP
El comercio funerario, floreciente en Colombia, dispone ahora de una novedad a un precio que desafía cualquier competencia: el ataúd de cartón, lanzado por un colombiano jubilado.
La idea floreció en la cabeza de Raúl Durán, ingeniero de la sociedad nacional petrolera Ecopetrol, cuando asistía a un entierro en Bogotá.
«80% de los colombianos son pobres y no tienen los medios para pagar ataúdes de madera dignos de ese nombre», asegura el jubilado de 59 años para justificar su proyecto.
Confrontado a 37 años de guerra civil, Colombia registró un balance de 36.947 fallecimientos por muertes violentas en 1999, 1.932 de ellas de menores, según un informe del Instituto de Medicina Legal.
23.209 decesos fueron debido a homicidos, 7.243 a accidentes de tránsito y 2.089 a suicidios, siempre según el documento.
Raúl Durán no tuvo que buscar mucho para materializar su invención. «Desde hace diez años, yo fabrico cartón», sonríe el jubilado, instalado en un taller en el corazón de un barrio de mala fama de Bogotá.
El precio mínimo de un ataúd de pino en Colombia es de 70 dólares. «Yo he fijado la tarifa única de nuestro producto en 35 dólares», precisó.
Desde esta semana, su empresa está dispuesta a empezar con las ventas, luego de tres meses de pruebas de solidez. «Nosotros pusimos 180 kilos de arena en el cajón (ataúd) y éste resistió», declaró Raúl Durán, quien fue ayudado en su proyecto por Henry Moros, un joven ingeniero industrial de la Universidad Javeriana de Bogotá.
La producción inicial alcanzará las 30 unidades por día, confeccionadas por sus 25 empleados. Uno de ellos, Gabriel Suárez, no duda en meterse en un cajón, con los ojos cerrados, a manera de demostración.
Seis de sus colegas lo ayudan, lo levantan y lo ponen en el hangar. «Este modelo, el más simple, tendrá éxito en las campañas», estima este improvisado conejillo de indias.
Antes de haber iniciado las ventas, Raúl Durán está desbordado de demandas, incluso las venidas del extranjero. «He recibido visitas de sociedades funerarias de México, Costa Rica e incluso de Estados Unidos, donde los costos funerarios son enormes», asegura.
Para poder exportar en gran número, cambiará su modelo base, el rectangular, por una forma cóncava, «un modelo francés» según él, para poder almacenar las cajas. Un barniz de color caoba recubre los modelos disponibles. «Es pintura al agua, en una preocupación ecológica, para paliar los riesgos de polución con las lacas químicas», destaca.
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