La historia del KGB está en el museo
Moscú, AFP
Chaquetas y botas de cuero de los chequistas, represión staliniana y red de espionaje norteamericano: el museo del ex KGB en Moscú cuenta la historia de los servicios secretos soviéticos, omitiendo mencionar su lucha contra los disidentes.
Situado detrás del imponente edificio de los servicios secretos, el museo fue creado en 1984 a iniciativa del dirigente soviético de la época, Yuri Andropov, que había sido jefe del KGB de 1967 a 1982. En los primeros tiempos, el museo estuvo reservado exclusivamente al uso interno del organismo y sus únicos visitantes eran los agentes del KGB.
La perestroika del presidente Mijail Gorbachov permitió después, poco a poco, que el museo permitiera visitas de «extranjeros», que debían ser especialmente solicitadas.
Checa, GPU, NKVD, KGB y, actualmente, FSB, son otras tantas siglas de los servicios secretos soviéticos, y posteriormente rusos, que fueron cambiando de nombre en función de las decisiones de los sucesivos dirigentes del país.
Félix Dzerjinski, primer jefe de la Checa en 1917, es objeto de todos los homenajes: los visitantes del museo pueden contemplar su máscara mortuoria e incluso permanecer sin temores delante de su despacho de trabajo.
«Dzerjinski sabía que una revolución no puede hacerse sin represión, sin derramamiento de sangre. Piensen al respecto en la Revolución francesa», sostiene Valeri, guía del museo y miembro del FSB con el grado de coronel.
Tras ello, el guía explica al visitante el heroísmo de los colaboradores del NKVD, un tercio de los cuales fueron víctimas del terror staliniano en 1937, y sus hazañas en la lucha contra la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
Los éxitos de los agentes del KGB a lo largo de la Guerra Fría son expuestos también a través de una sucesión de documentos confiscados a espías norteamericanos. El visitante puede ver asimismo su material de comunicación, a menudo sumamente ingenioso.
Al preguntársele el porqué de la ausencia de documentos relativos a la represión de los disidentes que se opusieron al régimen soviético, el guía responde que «no hay nada que mostrar sobre los disidentes».
«¿Qué hubiéramos podido exponer, una foto de un proceso?», acota.
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