Haití. La lentitud en la distribución aumenta la desesperación

Enfrentamientos y saqueos por comida

El puerto de la capital haitiana recibió el viernes por la noche el primer buque con cargamento desde el terremoto del martes, un barco lleno de bananas y carbón que fue acogido con júbilo por los desesperados habitantes de la ciudad devastada.

Pero la algarabía del momento no cambia la situación en la capital haitiana, donde los saqueos se propagaban y se registraban enfrentamientos en los puestos de distribución de asistencia.

Mientras funcionarios de las Naciones Unidas clamaban por más ayuda, la muerte inundaba las calles de Puerto Príncipe, destruida por el terremoto del martes de 7,0 de magnitud y que dejó un saldo parcial de más de 50.000 muertos, 250.000 heridos y 1,5 millones de personas sin hogar.

El violento sismo es el peor desastre al que la ONU se haya enfrentado en su historia, ya que destruyó las estructuras locales, afirmó el sábado en Ginebra la portavoz de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, Elisabeth Byrs.

«Nunca antes en la historia de Naciones Unidas hemos estado enfrentados a un tal desastre. No es comparable a ningún otro», dijo Byrs, subrayando que, contrariamente al tsunami de 2004 en Indonesia, en Haití quedan muy pocas estructuras locales para canalizar la ayuda extranjera.

La ONU, encargada de coordinar la ayuda humanitaria en el terreno, afirma enfrentarse a «un desafío logístico mayor».

Además de Puerto Príncipe, los socorristas de la ONU que exploraron las ciudades al oeste de la capital haitiana consideraron que la localidad de Leogane resultó destruida en cerca del 90%.

Los equipos de socorristas fueron también a las localidades de Gressier (unos 25.000 habitantes) y de Carrefour (334.000 habitantes), al oeste de la capital Puerto Príncipe, y estimaron que la destrucción fue en esos lugares aproximadamente un 40-50%. Cuatro días después del terremoto, la ONU sigue concentrándose en la búsqueda de supervivientes, subrayó Byrs, aunque admitió que los socorristas se enfrentan a numerosos problemas logísticos, como la falta de transporte, de combustible y de comunicaciones.

Ante la lentitud con la que llega la ayuda, los habitantes, abandonados a su suerte, buscan desesperadamente entre las ruinas de las tiendas ignorando los cadáveres hacinados que se pudren al sol. Un hombre que acaba de encontrar un caja de cereales es inmediatamente rodeado por una decena de personas, que intentan arrebatarle su tesoro. Otro tiene una caja con alimentos y alguien no vacila en tomarlo por el cuello para arrancársela.

Los productos alimenticios son los más buscados, pero otros se llevan ventiladores eléctricos o equipos de audio.

Haití, el país más pobre de América, que hace tiempo vive inmersa en violencia y baños de sangre, no tiene ejército y sus fuerzas de policía casi han desaparecido en el caos que siguió al terremoto.

El presidente de Haití, René Preval, destacó la respuesta internacional, pero se quejó de mala coordinación en la entrega de la ayuda que llega desde el exterior. «Necesitamos la ayuda internacional, pero el problema es la coordinación», declaró el mandatario en una entrevista con la AFP. «Lo que vamos a hacer (…) es pedirle a los donantes que trabajen con comités que establecimos en el seno del gobierno», indicó

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