OPINION INTERNACIONAL

EL VITALICIO MICHELETTI

Vimos ayer un programa por el canal colombiano NTN 24 que mostró cabalmente hasta qué punto llegó la impudicia de este acto del Congreso hondureño. Era un reportaje a la diputada Marcia Facussé, que pertenece a un poderoso grupo de grandes empresarios y latifundistas, uno de los que impulsaron el golpe y que ahora sostienen al régimen dictatorial y se benefician de él para sus negociados, cuya contracara es la carestía y las privaciones para la gran masa del pueblo. A tal punto es así que la idea de que Micheletti fuera designado «diputado vitalicio» fue del influyente empresario Adolfo (Fito) Facussé, acusado con nombre y apellido por Manuel Zelaya como uno de los promotores del golpe. Todo queda en familia.

El reportaje fue de guante blanco. La diputada Facussé prodigó su incontinencia verbal para escapar por la tangente a las preguntas. Se extendió en elogios desaforados al dictador, al que catalogó como «héroe nacional» y «libertador», poco menos que émulo de Simón Bolívar. Era para la risa, y medios colombianos ironizaron al respecto. A Micheletti le otorgaron la Gran Cruz Extraordinaria y medallas de oro. El mismo defendió su actuación en el golpe de Estado con estas palabras: «Ante cualquiera que trate de hacer algo diferente, volveremos a hacer lo mismo; contra cualquiera que piense diferente a nosotros». Ese es su concepto de la democracia: el que piense distinto, a la horca. O a sacarlo fuera del país por la fuerza de las armas, como hicieron con Zelaya. De paso, Micheletti se vengaba de la derrota que había sufrido a manos de éste en la interna del partido liberal para la designación del candidato presidencial.

En el reportaje, a pesar de todo, quedaron claras varias cosas. A la diputada le señalaron que a Micheletti lo habían nombrado «diputado vitalicio» del mismo modo que Pinochet se hizo designar «senador vitalicio». Tableau, la mujer no sabía donde meterse, y siguió alabando a su «héroe y libertador». Luego, se reveló que el propio Porfirio Lobo no quería por nada del mundo que le entregara la presidencia Micheletti, y que había tratado de que lo hiciera el presidente de la Suprema Corte de Justicia, pero que Micheletti se había opuesto: era él o nadie. El comentario era que el golpe había sentado un pésimo antecedente y que Porfirio Lobo quería distanciarse del mismo, porque había llevado a que Honduras fuera suspendida de la OEA y a que la mayor parte de los países del continente no reconocieran al gobierno de facto y tampoco se mostraran dispuestos a reconocer al nuevo gobierno surgido de elecciones efectuadas bajo dicho régimen.

Por otra parte, resultó cuestionada la actitud misma del Congreso que decretó esa distinción a Micheletti. Se recordó que es el mismo Congreso que él presidía cuando el golpe y que lo designó presidente de la República, sin tener facultades para ello y sin que ese orden de sucesión estuviera previsto en la Constitución; y es el mismo Congreso que hizo aparecer y avaló un documento falso con la presunta renuncia firmada de Manuel Zelaya a la Presidencia, lo que no era otra cosa que una falsificación escandalosa, y que después se retiró de la circulación y nunca más se volvió a mencionar. O sea que en todas las circunstancias el Congreso actuó en la más completa ilegalidad y violación de todas las normas. Sin hablar ya de que no tiene facultad de designar un cargo vitalicio, que tampoco está establecido en las normas constitucionales.

Una agencia resumió así este episodio: «El presidente de facto hondureño Roberto Micheletti fue designado ‘diputado vitalicio’ por el Congreso de Honduras dominado por golpistas, un cargo no contemplado en la Constitución, que buscaría asegurarle inmunidad de por vida y tiene precedentes en otros regímenes latinoamericanos. El fallecido ex dictador Augusto Pinochet se autodesignó ‘senador vitalicio’ para conseguir inmunidad de por vida, pero eso no impidió que fuera arrestado en Londres en 1998 y luego juzgado y arrestado en Chile por violación de derechos humanos, enriquecimiento ilícito y evasión de impuestos». Un antecedente digno de tenerse en cuenta.

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