SANTOS Y EL GOLPISMO HONDUREÑO
Santos declaró que el ejemplo de Honduras debe ser aplaudido y respaldado, evidenciando el deseo de los sectores oligárquicos desplazados del gobierno en la mayoría de los países de América Latina de retomar sus antiguos privilegios y de imprimir un giro a la derecha en el continente. Esto no es nuevo, sino que corresponde a la postura del gobierno de Uribe desde el golpe del 28 de junio pasado. Poco después, Uribe recibió a la delegación del régimen de Micheletti luego que ésta se reuniera en San José de Costa Rica con el presidente Oscar Arias y la delegación del mandatario constitucional Manuel Zelaya. Dicha delegación, integrada por quienes son hoy ministros del gobierno de facto, no regresó a Tegucigalpa, sino que se dirigió a Panamá y a Bogotá, donde fue recibida con todos los honores por los presidentes Álvaro Uribe y Ricardo Martinelli, que constituyen hoy prácticamente los únicos puntos de apoyo de los golpistas. Pero existe otra coincidencia destacable: Colombia y Panamá tienen en su territorio bases militares yankis, en número de siete y cuatro respectivamente, en una maniobra de cerco en torno a la República Bolivariana de Venezuela, que se suman a las que detentan en las posesiones coloniales holandesas de Curazao y Aruba, próximas a las costas venezolanas (como mostramos ayer en «Incursiones piratas y 13 bases militares»). Véase cómo todo se une.
Conviene conocer el pedigrí del vicepresidente colombiano, que le vino a tender la mano a Micheletti (y a su sucesor) en procura de una Santa Alianza para la regresión. Integra el conspicuo clan Santos, dueño del diario El Tiempo que según se dice, pone y saca presidentes. Y también vicepresidentes, por lo que se ve, porque él le debe su cargo a la campaña realizada por el periódico a favor de Uribe en 2002. Su primo Juan Manuel ocupó por largo tiempo el ministerio de Defensa, y otro integrante el de Vivienda y Cultura. Volviendo a Francisco Santos, está documentado que se reunió en tres ocasiones por lo menos con el máximo jefe de las bandas asesinas de los paramilitares, Salvatore Mancuso. Lo reveló el propio Mancuso en declaraciones que mostraron los estrechos vínculos del uribismo, sus congresistas, sus gobernadores y sus aparatos de inteligencia como el DAS con los grupos paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Más aún: Francisco Santos le solicitó a las AUC (a su máximo jefe de entonces, Carlos Castaño, que antecedió a Mancuso y desapareció sin dejar rastros) que crearan una base paramilitar llamada Bloque Capital en torno a Bogotá para prevenir posibles incursiones de las Farc. También el hasta hace poco ministro de Defensa Juan Manuel Santos se reunió en varias oportunidades con los mandos de las AUC.
Y ya que estamos, tres datos sobre los paramilitares: 1) casi un centenar de congresistas y gobernadores estén encarcelados y son objeto de investigaciones por la Suprema Corte de Justicia por ser piezas de la «parapolítica»; 2) los asesinos paramilitares mataban con motosierra y cremaban a sus cientos de víctimas en hornos al estilo nazi; 3) decenas de integrantes de las fuerzas armadas, en vinculación con los paramilitares, fueron condenados por la justicia por operaciones llamadas «falsos positivos», es decir, ajusticiamiento de personas, defensores de DDHH y luchadores sociales, que después eran presentados como muertos en enfrentamientos con las guerrillas. Varias decenas de estos militares acaban de obtener libertad provisional, lo que el Procurador considera como un «escándalo internacional».
Tales son algunos de los rasgos de quien viene a ofrecer ayuda a Micheletti. Pero éste también se defiende solo. Logró que el mismo Congreso que lo designó presidente en forma espuria, le votara un decreto que le concede un sueldo vitalicio y seguridad permanente a él y a toda su familia. El mismo Congreso ratificó el martes 12 el decreto que le había remitido Micheletti el 15 de diciembre, por el cual se desincorpora a Honduras del ALBA. Salió por 123 a 5. En una maniobra de último momento, Micheletti pretendió que se mantuviera el acuerdo con Petrocaribe, que permitió a Honduras durante el gobierno de Zelaya adquirir combustibles a crédito a Venezuela, además de recibir cooperación para diversos proyectos sociales. Pero fracasó porque, como se le señaló, «ALBA y Petrocaribe son dos alas del mismo pájaro».
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