El día que intentaron matar a Reagan

Washington, AFP

 

Un joven desequilibrado que estaba enamorado de la actriz Jodie Foster disparó el 30 de marzo de 1981 contra el entonces mandatario Ronald Reagan y su portavoz Bill Brady, un hecho que paradójicamente reforzó el mandato de Reagan y condujo a un control limitado de las armas de fuego en Estados Unidos gracias a la posterior «ley Brady». Veinte años después, Reagan, de 90 años, vive en Los Angeles, sufre el mal de Alzheimer y no es capaz de reconocer a su esposa Nancy. Bill Brady, que quedó paralítico tras el atentado, realizó un balance atenuado del combate que él mismo y su esposa Sarah realizaron contra la proliferación de armas de fuego en Estados Unidos, pues no cuenta con el apoyo de la Casa Blanca desde que George W. Bush sucedió a Bill Clinton.

Reagan, que había sido elegido apenas dos meses antes, salía de un hotel de la capital a las 14H30 GMT del 30 de marzo de 1981 cuando se realizaron seis disparos. Brady y dos policías cayeron heridos. Reagan, que en ese momento no se dio cuenta de que había sido alcanzado por una bala, fue ingresado a su limusina e incluso bromeó con su esposa.

Operado de urgencia para extraerle una bala del pulmón, el septuagenario mandatario tuvo una exitosa convalescencia y regresó rápidamente a sus asuntos sin verse en lo más mínimo disminuido políticamente, al contrario. David Gergen, que entonces fungía como director de comunicación de Reagan, estimó en un reciente ensayo («Eyewitness to power: the essence of leadership») que el intento de asesinato y el irónico coraje de Reagan le dieron la dosis de heroísmo que le faltaba, y contribuyó a su prolongada popularidad. El tirador, John Hinckley, entonces de 25 años, fue declarado irresponsable de sus actos en un juicio, por lo que evitó la prisión y fue enviado a un hospital psiquiátrico. Hinckley puede realizar salidas vigiladas desde 1999.

Entre tanto, Reagan también dio su apoyo al proyecto de ley Brady, algo inhabitual en un republicano.

La ley, que estableció un sistema nacional de verificación de la identidad de los compradores de armas de fuego, así como un período de espera de tres días antes de la obtención del arma comprada, fue promulgada en 1993 por Bill Clinton. Pero hoy Bill Brady no se muestra para nada optimista. El presidente George W. Bush recibió el apoyo durante la campaña electoral de la NRA (National Rifle Association), agrupación de los fabricantes de armas que dirige los grupos de presión en favor de las armas de fuego y que es hostil a los demócratas. Desde su silla de ruedas, Brady declaró el miércoles en Washington: «Si gritamos fuerte, podremos persuadir al Congreso y al presidente para que actúen por (…) un Estados Unidos sin violencia con armas de fuego en los hogares, los lugares de trabajo y las escuelas».

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