En su despedida de Egipto exhortó a judíos, cristianos y musulmanes

El Papa, al pie del monte Sinaí, hizo nuevo llamado ecuménico

Al pie del Monte Sinaí, el Papa efectuó ayer un llamamiento al diálogo entre cristianos, judíos y musulmanes, al término de una visita histórica de tres días a Egipto, país musulmán que cuenta con la más importante comunidad cristiana en Medio Oriente.

«El viento que aún sopla hoy del Sinaí –dijo– trae consigo una insistente invitación al diálogo entre los discípulos de las grandes religiones monoteístas, en favor de la familia humana».

«Ello nos sugiere que, en Dios, podemos hallar un punto de encuentro», añadió Juan Pablo II celebrando una liturgia en el Jardín de los Olivos del monasterio greco-ortodoxo de Santa Caterina.

Construido al pie del monte Sinaí, donde dice la Biblia que Moisés recibió de Dios las Tablas de la Ley, el monasterio es respetado por las tres religiones.

Ante varios cientos de peregrinos, el Papa, visiblemente fatigado y desplazándose con dificultad, evocó con gran emoción «el encuentro entre Dios y Moisés en la montaña», afirmando que los Diez Mandamientos «proporcionan las únicas bases verdaderas para la vida de las personas, de las sociedades y de las naciones».

Estas bases «salvan a la humanidad de las fuerzas destructoras del egoísmo, el odio y la mentira», añadió.

«Ponen en evidencia los falsos dioses que mantienen al hombre en la esclavitud: el amor a sí mismo hasta el rechazo de Dios, la avidez por el poder y el placer, que trastorna el orden de la justicia y degrada nuestra dignidad humana y la del prójimo».

La visita de Juan Pablo II en el Sinaí constituye la primera etapa del peregrinaje que desea efectuar durante el año 2000 a Tierra Santa y fue el momento fuerte de su estadía de tres días en Egipto.

Sus últimas plegarias en Santa Caterina estuvieron consagradas a «la estabilidad, la paz y la prosperidad en el Medio Oriente».

Ampliamente mediatizada, con retransmisiones en directo por la televisión nacional, la visita del Papa fue ocasión para Egipto de afirmar su tolerancia ante la minoría copta que representa el 5,8 % de los 65 millones de habitantes del país.

Las violencias entre musulmanes y cristianos de comienzos de enero dejaron un saldo de 20 cristianos coptos y un musulmán muertos en la aldea de al Kocheh, Alto Egipto.

«El Papa del Vaticano celebró su misa en un clima cálido entre musulmanes y cristianos, sentimientos que traducen la unidad nacional y que no permitirán más que nadie pueda pretender que existe discriminación (contra los coptos) en al Kocheh o en otro sitio», escribió el sábado el jefe de redacción del periódico al Gumhurriya, Samir Ragab, allegado al presidente Hosni Mubarak.

El Papa fue cálidamente recibido en El Cairo el jueves por Mubarak y miembros del gobierno egipcio así como por el jeque de Al Azhar, la mayor autoridad del Islam sunnita, Mohamed Sayyed Tantaui.

El viernes el Sumo Pontífice celebró una misa con los prelados de diferentes ritos en siete lenguas y en presencia de 20.000 egipcios en el estadio de El Cairo. La ceremonia bajo el signo del ecumenismo permitió a Juan Pablo II en presencia del Papa ortodoxo copto Chenuda III, renovar su llamado a la reunificación de las iglesias cristianas, proponiendo a sus jefes de «reformular juntos, y con rapidez, el rol del papado».

El Papa partió de El Cairo ayer sábado por la tarde, anunció la televisión estatal egipcia.

El presidente Mubarak, varios ministros y Sayyed Tantaui despidieron al Papa en el aeropuerto de El Cairo.

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