Marcos fue el gran ausente en la sesión del Parlamento mexicano

Zapatistas reanudarán diálogo de paz con el gobierno

Este fue el acto culminante de la presencia de los 24 dirigentes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la capital mexicana, a donde llegaron siete años después de haberse levantado en armas por los derechos indígenas.

Los rebeldes recorrieron 12 estados desde el 24 de febrero al 11 de marzo, para promover en el Congreso la ley indígena.

Ante personalidades como el dirigente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Cuauhtémoc Cárdenas; el jefe de gobierno de la capital, Andrés López Obrador; e invitados indígenas extranjeros, la comandante Esther dio a conocer también que la guerrilla no avanzará militarmente en las siete posiciones abandonadas por el Ejército en Chiapas.

«Las armas zapatistas no suplirán a las armas gubernamentales», afirmó la dirigente, ovacionada por legisladores e invitados al recinto, donde el gran ausente fue el subcomandante Marcos, el estratega y portavoz de la guerrilla alzada en armas el 1º de enero de 1994.

«A una señal de paz no responderemos con una de guerra», expuso la mujer, con el rostro cubierto por un pasamontañas negro y vestida con sus atavíos tradicionales, un vestido blanco bordado a mano con flores rojas y amarillas.

Sostuvo que «la población civil que habita los lugares desocupados tienen nuestra palabra de que nuestra fuerza militar no será empleada para dirimir desacuerdos».

El EZLN invitó a la sociedad civil, nacional e internacional, a instalar en los siete puestos que ocupaba el Ejército mexicano campamentos de paz y puestos de observación para constatar que no habrá presencia armada zapatista.

La guerrilla ordenó a Fernando Yáñez, conocido como el «Comandante Germán», ponerse en contacto con la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), el órgano parlamentario que participa del proceso de paz, y con el comisionado gubernamental para Chiapas, Luis H. Alvarez.

Según el EZLN los tres deben estar juntos en Chiapas para certificar el repliegue del Ejército mexicano.

Asimismo, anunció el nombramiento de Yáñez como «correo oficial» del EZLN con el comisionado presidencial para que trabajar coordinadamente.

La guerrilla exige tres condiciones para reanudar el diálogo con el gobierno, interrumpido en setiembre de 1996: el repliegue del Ejército de siete posiciones clave en los bastiones rebeldes (ya cumplido), la liberación de todos los presos zapatistas (casi todos ya excarcelados) y la aprobación de la ley indígena, que comenzará a discutir el Congreso.

El EZLN también solicitó al Congreso que facilite en su sede un espacio para el primer encuentro entre el gobierno federal y el enlace zapatista, aunque señaló que en caso de negativa se busque un lugar «neutral».

«Si ahora se puede ver con optimismo el camino de la paz en Chiapas es gracias a la movilización de mucha gente de México y el mundo», sostuvo la mujer.

Previamente, Esther proclamó ante el Congreso que «llegó la hora de los indígenas» y pidió «que se nos reconozcan nuestras diferencias y nuestro ser mexicano».

En el histórico mensaje pronunciado en la tribuna de la Cámara de Diputados, totalmente repleta de legisladores e invitados especiales, la comandante abogó por un México «donde la diferencia no sea motivo de muerte, cárcel, persecución, burla, humillación y racismo».

Al explicar la ausencia de Marcos, señaló que el subcomandante tenía «la misión de traernos esta tribuna».

«Ellos, nuestros guerreros y guerreras han cumplido gracias al apoyo de la movilización popular en México y el mundo. Ahora es nuestra hora», expuso.

Esther y los otros oradores, los comandantes Zebedeo, David y Tacho, rechazaron que la ley indígena que discutirá el Congreso busque generar un movimiento separatista en Chiapas, como lo argumentan los que se oponen a esta iniciativa.

«Los zapatistas no estamos por la balcanización. México ya está dividido: está el México que produce, el México que cobra la riqueza y el México que vive en la miseria», expuso Esther.

Zebedeo advirtió que los legisladores están frente a la disyuntiva de «ayudar a la paz o callar frente a la guerra».

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