Nivel de participación de ciudadanos en los comicios superó los precedentes

Inesperado entusiasmo en las elecciones primarias de EEUU

La participación es aún más notable, teniendo en cuenta que los estadounidenses, que viven hoy un período de prosperidad, no tienen aparentemente mayor motivación en concurrir a las urnas que la que tuvieron en las precedentes elecciones presidenciales o legislativas.

La participación en las legislativas de 1998 fue muy pobre, con una tasa del 16,8%, mientras que para las elecciones presidenciales la tasa de participación no ha hecho más que retroceder, cayendo del 55,21% en 1972 al 49,08% en 1992, uno de los niveles más bajos para un país industrializado.

Sin embargo, en lo que va hasta ahora de la carrera por llegar a la Casa Blanca, particularmente en lo que se refiere al Partido Republicano, el nivel de participación ha sobrepasado los máximos niveles.

En algunas de las primarias realizadas la participación de los votantes ha sido dos veces más numerosa que en las primarias precedentes.

Así, por ejemplo, en el estado de Michigan (norte), la cifra alcanzó 1,24 millones de votantes, más del doble que los 523.063 de las primarias de 1996.

Lo mismo ocurrió en Carolina del Sur (sureste), donde votaron 570.513 personas frente a las 276.741 que lo habían hecho cuatro años antes.

En New Hamsphire (nordeste), se contabilizaron cerca de 400.000 votos de republicanos y demócratas, frente a los 300.000 de las primarias anteriores.

Este repunte electoral se explica en parte por el el «fenómeno McCain», el nombre del senador republicano de Arizona (suroeste), cuya candidatura presidencial se ha reforzado seriamente frente a la del favorito gobernador de Texas, George W. Bush, a quien se daba ampliamente como ganador antes del inicio de la batalla.

«La competición es ciertamente un poco más intensa» que lo estimado originalmente, reconoce Andrew Kohut, del centro de estudios electorales Pew Research.

Ello podría explicarse por la forma como fueron programadas las primarias republicanas en esta oportunidad y a la flexibilización de las normas, que ha permitido a muchos votantes independientes y demócratas participar en la definición del candidato de ese partido.

En la primaria republicana efectuada el martes en Michigan, por ejemplo, la participación de independientes y démocratas fue de un 51% contra un 49% de los miembros de esa colectividad partidaria.

La sucesión de Bill Clinton parece haber suscitado una ola de entusiasmo en un electorado cansado por un mandato salpicado de escándalos.

Las campañas de ataques personales, como las que han involucrado a los aspirantes republicanos Bush y McCain, que habitualmente desanimaban a los electores a votar, han tenido esta vez un efecto contrario.

Muchos electores enojados parecen haberse volcado a las urnas para consolidar las posiciones de los atacados. Tami Buhr, de la Universidad de Harvard, no esperaba una participación tan importante en las primarias republicanas, que se explica por el aumento de los electores en la competición que se ha instalado en las últimas semanas entre los dos principales candidatos a la investidura de ese partido. Por su parte la contienda por las primarias demócratas, entre el favorito Al Gore y su rival Bill Bradley, que sólo se inician, pues no han tenido más que un cara a cara en el estado de New Hampshire, podrían contagiarse por la fiebre que parece reinar en el campo republicano.

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