OPINION INTERNACIONAL

LA ULTIMA INVASION YANQUI A PANAMA

Los yanquis invasores impusieron como presidente al obeso Guillermo Endara en la base militar de Fort Clayton, sobre el Canal, al mejor estilo de sus invasiones en varios países del continente a lo largo de todo el siglo. La lucha contra el narcotráfico en un vulgar pretexto, al igual que ahora (la historia se repite). Lo mismo la captura de Noriega, que no solo fue agente suyo durante muchos años sino que (según revelan investigaciones recientes) por orden de los yanquis contribuyó a montar el complot que terminó con la vida del general Torrijos en un extraño accidente de aviación el 31 de julio de 1981. Torrijos estaba marcado para morir en ese breviario del imperio que son los Documentos de Santa Fe, y al parecer en el mismo operativo conjunto se segó la vida de otros opositores a EEUU, como el presidente ecuatoriano Jaime Roldós y el comandante de las fuerzas armadas peruanas, general Hoyos, de convicciones nacionalistas.

El historiador Olmedo Beluche dice que en ausencia de una investigación oficial, la Iglesia Católica pudo reunir los nombres de 500 asesinados, la mayoría civiles, a los que se sumaron al menos 2.000 heridos, de 18 a 20 mil personas que perdieron sus hogares y unos 5 mil arrestos políticos, sin contar las pérdidas materiales. Hay documentales cinematográficos altamente reveladores, que alguna vez hemos comentado.

El objetivo real de la invasión era impedir el cumplimiento de los tratados Torrijos­Carter de 1977 (que establecían la reversión del Canal a la soberanía panameña para fin de siglo), y mantener las bases militares yanquis del Canal. Ese objetivo fracasó, pero veremos enseguida que surge de una nueva forma. A fines de 1999 se eliminaron las bases yanquis, que cubrían una enorme extensión, era un mundo aparte, un estado dentro del Estado, en el cual mandaban las fuerzas armadas de EEUU. Hemos tenido ocasión de visitarlas, ahora se dedican a otras funciones. El Comando Sur allí instalado se mandó mudar. Lo mismo sucedió este año con la base de Manta, en el Pacífico ecuatoriano, que bajo el gobierno de Rafael Correa fue devuelto a la soberanía de su país. Son fechas memorables en la lucha de los pueblos de América Latina por la conquista de la independencia verdadera y de la plena soberanía. Además, bajo el gobierno de Martín Torrijos se entró de lleno a la construcción del nuevo canal de Panamá, que amplía considerablemente esa ruta vital entre los dos océanos, beneficiando al comercio mundial y notoriamente al propio país.

Pero acechan nuevos peligros, que se han agudizado bajo el nuevo gobierno de Ricardo Martinelli, condescendiente con el imperio (y que además reconoce al gobierno del dictador Micheletti y al emanado de las elecciones espurias en Honduras). Tres meses atrás se firmó el acuerdo entre Martinelli y el gobierno de EEUU para establecer 4 bases militares yanquis en su territorio, aunque según el ministro José Mulino podrán llegar a ser 11, todas ellas con financiamiento y asesoría norteamericanos. Dados los antecedentes, esto configura una verdadera traición a la patria, como expresan medios opositores. Las bases se ubican en la isla Chapera, muy cercana a la isla de contadora, que se hizo famosa porque allí se originó, en época de Torrijos, una iniciativa independiente que condujo a la postre a la firma de acuerdo de paz en la región centroamericana (El Salvador y Nicaragua). Las otras están en Rambala, provincia de Bocas del Toro; en Punta Coco, Veraguas, y en Bahía Piña, Darién.

Pero estas cuatro bases yanquis (que pueden triplicarse en número) se unen a las siete bases que el imperio acaba de instalar en territorio de Colombia, con el beneplácito del gobierno de Alvaro Uribe y la repulsa del conjunto de los países de América Latina, como ha quedado evidenciado en varias reuniones en el ámbito continental. Es una extensión del Plan Colombia, cuyo financiamiento está establecido en el presupuesto de EEUU y se enlaza a la vez con el Plan Mérida impuesto a México. El recuerdo de la invasión yanqui a Panamá, 20 años atrás, es ocasión para renovar el compromiso de lucha contra los planes de agresivos del imperio contra los pueblos del continente.

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