Los fantasmas de la dictadura
«Muchos episodios han pasado en estos días y nos dan muestras de que los dinosaurios todavía están», dijo la mandataria.
El ex capitán de corbeta Astiz, de 58 años, acusado por el secuestro y asesinato de dos monjas francesas, dio la nota en la apertura del juicio al ingresar exhibiendo un libro titulado «Matar de nuevo», sobre la violencia de los años 70.
Poco después, desconocidos interceptaron las comunicaciones del helicóptero presidencial con la torre de control del aeropuerto de la capital, el Aeroparque. «¡Maten a la yegua! ¡Mátenla!», se pudo escuchar en una grabación difundida por televisión.
La marcha militar «Avenida de las camelias», elegida por la dictadura para anunciar el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y todos sus comunicados posteriores, puesta como sonido de fondo de las interferencias, fue particularmente evocadora.
El jefe de gabinete, Aníbal Fernández, calificó la intercepción de las comunicaciones del helicóptero presidencial y las amenazas proferidas como «gestos intimidatorios y amenazantes muy graves».
El mismo día, condenado a cadena perpetua por tercera vez en Córdoba (centro), el ex jerarca de la dictadura Luciano Menéndez, de 82 años, apuntó contra «los guerrilleros que están hoy en el poder».
El domingo, el fiscal federal del juicio a Astiz, Eduardo Taiano recibió una amenaza anónima en el contestador automático de la casa de su madre, de 79 años.
«No teníamos la menor duda que esta reacción iba a venir, que esto iba a despertar importantes sectores de las fuerzas armadas, de los servicios de inteligencia y de la ultra derecha», dijo Ulises Gorini, autor de dos tomos sobre la historia de las Madres de Plaza de Mayo. Según el historiador y abogado, «la actitud del gobierno es contradictoria».
«Por un lado, dio un gran paso para terminar con la impunidad. Pero por el otro, no ofrece a los testigos la seguridad suficiente», agregó.
«Gran parte del aparato que sirvió para el genocidio sigue intacto y hay numerosos represores en libertad», advirtió Gorini.
Tras la asunción de Néstor Kirchner (presidente entre 2003 y 2007) se anularon las leyes de amnistía y se reabrieron las causas, y las autoridades argentinas desean que los responsables de violaciones a los derechos humanos sean rápidamente juzgados. Cristina Fernández sucedió en el poder a su marido en diciembre de 2007. La desaparición en setiembre de 2006 de Jorge Julio López, testigo clave en el juicio contra el ex jefe policial y torturador Miguel Etchecolatz, condenado a perpetua, es una amenaza que pesa sobre cada persona que se anima a ser testigo.
«Necesitamos una respuesta clara, inmediata y sin apelación por parte de los jueces», dice Rodolfo Yanzón, abogado de la querella en el juicio a Astiz, que ha denunciado la actitud provocadora de este último.
El abogado se entrevistó el martes con los miembros del tribunal, a quienes pareció sorprender el comportamiento de Astiz el viernes pasado. «Se comprometieron a tomar las medidas necesarias para evitar toda actitud provocadora», dijo.
Astiz está acusado, entre otros crímenes, de haber participado en el secuestro de dos monjas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet, el 8 y 10 de diciembre de 1977, junto a una decena de activistas humanitarios, entre ellos la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor.
Las religiosas fueron torturadas en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), símbolo de la represión, donde unas 5.000 personas fueron clandestinamente detenidas y sólo un centenar sobrevivieron.
Diecinueve militares están inculpados en el marco de este juicio, entre ellos Jorge ‘Tigre’ Acosta, ex jefe de Astiz en la ESMA.
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