La "guerra de la basura"
Roma, ANSA
La «guerra de la basura» que se libra en la región de Nápoles desde hace más de dos meses degeneró en una abierta disputa política entre los alcaldes y las instituciones, que se atribuyen recíprocamente la responsabilidad de la crisis.
Los alcaldes de las municipalidades más cercanas al basural de Palma Campania, reabierto días atrás para hacer frente a la necesidad de descargar miles de toneladas de basura acumuladas, amenazan con renunciar a sus cargos y acusan al ministro del Interior Enzo Bianco de haber tomado medidas «ilegales».
Hace dos días, Bianco había dicho que sospechaba la infiltración de la camorra, la mafia napolitana, en la «guerra de la basura» y hoy le hizo eco un prestigioso fiscal anti-mafia, Pierluigi Vigna, que reiteró que la basura es uno de los negocios que están en manos de los clanes mafiosos.
Todo comenzó el 16 de enero, tras el cierre de dos basurales públicos que recogían diariamente tres mil toneladas de desperdicios de 152 municipalidades, en toda la región de la Campania, entre Nápoles y Salerno, en un área habitada por aproximadamente un millón de personas.
Es una zona muy populosa, con industrias de conservas de tomate, que a medida que se acerca al mar se convierte en la «costiera» amalfitana, una de las más bellas de Italia, frente a la cual se encuentran las islas de Capri e Ischia.
Los basurales son el medio más económico pero también el más peligroso para deshacerse de los residuos, con un costo de aproximadamente la mitad del que comporta la destrucción térmica en plantas especializadas o la división, el reciclaje y la utilización como energía alternativa.
El gobierno prevé el cierre de todos los basurales de la región antes de fin de año, que comporta la construcción de dos plantas para la destrucción térmica y de siete para reciclar los deshechos.
A principios de año, la Justicia ordenó el cierre de dos basurales, uno en Tufino (una localidad de Nápoles) y otro en Salerno provocando el caos en 152 municipalidades.
En algunas poblaciones los desperdicios se descargaron en los estadios, y en Hercolano, meta turística donde miles de personas acuden a visitar los restos de las villas romanas, el alcalde pidió a los habitantes que «pusieran la basura en el balcón». En Sorrento, en cambio, una de las perlas de la «costiera», autoridades y hoteleros protestan porque temen que las montañas de basura provoquen la fuga del turismo.
Después de dos meses y de inútiles protestas, las escuelas de Gragnano, Casoria, Santa María la Carita y de Nola –cuatro municipalidades de los suburbios de Nápoles– cerraron por razones de higiene, mientras vecinos de algunas poblaciones comenzaron a quemar la basura en hogueras improvisadas en medio de la calle.
La protesta feroz del vecindario de Palma Campania para impedir la nociva descarga de la basura a pocos metros de sus casas detuvo el paso de los camiones que en los últimos días se desplazan de una a otra municipalidad, intentando abrir una brecha en el compacto frente del rechazo.
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