CHILE HACIA EL SEGUNDO TURNO
El desenlace de la difícil batalla electoral del 17 de enero depende de que voten juntas las diversas fuerzas que en el primer turno se opusieron a la derecha pura y dura, las cuales representan al 55% del electorado. La tarea presenta complejidades y dificultades de entidad, y exigirá sin duda en estas cinco semanas un esfuerzo concentrado de todos los sectores empeñados en que Chile se mantenga definitivamente alejado de los resabios pinochetistas, por más que se enmascaren en una presunta voluntad de cambio que significa en realidad un retorno al pasado. Ese es el sentimiento común que albergaron quienes votaron por Eduardo Frei, por Marco Enríquez y por Jorge Arrate.
Los últimos datos conocidos en base al 98,32% de los votos escrutados daban 44,03% a Piñera, 29,62% a Frei, 20,12% a Enríquez y 6,21% a Arrate. Por ende hay segunda vuelta entre los dos primeros. Piñera cantó victoria, la celebró por anticipado y especuló con que una parte de los votos por Enríquez vendrían para él. En forma demagógica, desde lo alto de su fortuna, prometió a los más pobres y necesitados que velaría por ellos, que estaba a favor de las reformas sociales de la presidenta Bachelet e incluso de la reforma laboral. Frei formuló por su parte un llamado a todos los sectores que representan al mundo progresista a acompañarlo para impedir el triunfo de la derecha y auguró que nuevos grupos se van a sumar a los partidos de la Concertación. Señaló que no hay un traspaso mecánico de la popularidad de la presidenta Bachelet hacia su candidatura y que él se propone continuar su política de reformas sociales, sus iniciativas sobre las mujeres y otras, recordando que todos los votos que no han ido a la derecha representan el 55% del electorado y tienen en sus manos la capacidad de decisión.
A juicio de Marco Enríquez, el resultado más importante de la primera vuelta es que se ha creado la fuerza independiente más importante de la historia de Chile. Dijo también que las dos fórmulas electorales en juego representan ambas el pasado; que el mayor retroceso para Chile sería que ganara la derecha (uno de sus voceros sintetizó: «con la derecha ni a misa») y concluyó en que no aconsejaría a sus seguidores votar por ninguno de los dos candidatos. Su movimiento no logró elegir a ningún parlamentario.
Jorge Arrate dijo que, cumplido el objetivo de que la derecha no llegara a La Moneda en primera vuelta, proponía que se reunieran todas las demás fuerzas para alcanzar un acuerdo programático a fin de votar juntas el 17 de enero. Valoró como de extraordinaria significación el hecho de que se hubiera roto la exclusión, como lo propusieron las distintas fuerzas reunidas bajo su candidatura («Juntos Podemos»), como resultado de lo cual fueron electos diputados Guillermo Tellier, presidente del Partido Comunista de Chile (PCCH) por el Distrito 28 de Santiago, Lautaro Carmona, secretario general del PCCH, por el Distrito 5, y el abogado Hugo Gutiérrez, defensor de derechos humanos, por Iquique, en el norte, en todos los casos como primera mayoría. En dichos medios se señala que «con estos resultados se logra romper el sistema electoral excluyente dejado por la dictadura a través de una Constitución política impuesta bajo el régimen dictatorial y que no permitía a los comunistas alcanzar representación parlamentaria a pesar de tener una votación suficiente para ello».
Este hecho también fue destacado por la presidenta Michelle Bachelet en una sobria intervención desde La Moneda, en la cual elogió al pueblo por su comportamiento en la jornada y celebró el fin del régimen de exclusión que había dejado por 20 años a los comunistas fuera del Parlamento.
Para moderar los ímpetus de Piñera y los suyos, se recordó que Lavín tuvo más votos que él en la primera vuelta en su confrontación con Ricardo Lagos; que el sector de Lavín (UDI) sufrió dolorosas pérdidas en la elección parlamentaria (naufragaron el presidente de la Cámara y el presidente del partido, entre otros, que no fueron reelectos); y que se conocen elecciones en que un candidato saca menos votos en la segunda vuelta que en la primera (Serra contra Lula). La conclusión es que, como dijeron dirigentes de los sectores democráticos, esta fase de la elección se va a pelear «voto a voto».
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