La ejemplar dignidad de la militante Aminatu Haidar
E sta es una de las grandes causas de solidaridad internacional de estos tiempos, que se une al reclamo de libertad para los 7 presos políticos saharauies detenidos en Casablanca el 8 de octubre sobre los cuales pesa la amenaza de la pena de muerte por parte de un tribunal militar. Los gobiernos de Marruecos y de España están emplazados ante la opinión pública internacional por esta causa. Nos toca directamente, entre otras cosas porque Uruguay reconoce a la República Arabe Saharaui Democrática (RASD). Eduardo Galeano encabeza una campaña mundial de firmas por la libertad de los 7 patriotas saharuies. Los pronunciamientos solidarios llegan desde todas partes.
Hemos visto por TV a Aminatu Haidar exponer su causa. Un ejemplo de dignidad y entereza, que conmueve. Habla un perfecto español (único caso entre los pueblos árabes). A sus 42 años tiene una larga trayectoria de lucha. Fue víctima de una desaparición forzosa y recluida por Marruecos en centros secretos de detención desde 1987 a 1991. En 2005 fue condenada a siete meses de cárcel por su participación en protestas en el Sahara Occidental. En noviembre pasado viajó a Nueva York para recibir el premio Coraje Civil 2009 otorgado por la Train Foundation, una de las varias distinciones que ha recibido por su defensa de los derechos humanos. En el viaje de regreso hizo escala en Madrid, y posteriormente en Las Palmas de la Gran Canaria, donde tomó otro vuelo con destino a El Aaiún, la capital del Sahara Occidental y su lugar de residencia. Esto ocurrió el viernes 13 de noviembre. En el formulario de entrada, en el apartado de nacionalidad puso «saharaui», como hizo otras veces, y no «marroquí». Esto desató una represión inaudita. La sacaron de la cola, la llevaron detenida, la interrogaron por parte de distintos cuerpos de seguridad e inteligencia desde las 13 horas a las 3 de la madrugada siguiente bajo presión psicológica constante, con filmaciones y flashes permanentes, a sabiendas de su afección ocular como consecuencia de los cuatro años pasados en un centro de detención marroquí. Ella se negó categóricamente a cambiar su declaración, defendiendo siempre su nacionalidad saharaui. Luego bajo su protesta permanente y en medio de discusiones y consultas telefónicas entre funcionarios marroquíes y españoles, es embarcada en un avión, le quitan el pasaporte y la desembarcan en Lanzarote. Ella insiste en que ha sido trasladada a España a la fuerza, que su vida y sus hijos están en el Sahara y que allí quiere volver. Posteriormente se presenta ante el mostrador para adquirir un pasaje para El Aaiún, y le manifiestan que no hay problema, que hay plazas, pero horas después todo cambia, le dicen que ya no hay plazas. Varios pasajeros expresan que le ceden su lugar, pero la compañía no lo permite. Posteriormente manifiesta en su exposición ante la dirección general de policía de Canarias, aeropuerto de Lanzarote, que la situación es producto de «una complicidad entre el Gobierno marroquí y el Gobierno español, por lo que Marruecos la expulsa y España la secuestra violando así todos los derechos recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos». Entonces resuelve empezar la huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote, que continúa hasta el día de hoy, con grave riesgo para su vida.
Es lo que hace notar la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Nancy Pillay, quien señala que estamos en «una lucha contrarreloj, porque el reloj avanza y las fuerzas de Aminatu van decayendo». Sus declaraciones se suman a las del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien reiteró el llamado a España y Marruecos para que contemplen «cualquier medida que pueda facilitar una solución al problema».
El 10 de diciembre, Día Universal de los DDHH, Aminatu lanzó un llamado al mundo y particularmente a las madres, para que apoyen su reclamo de volver a su patria, «para abrazar a mis hijos, vivir con ellos y con mi madre, pero con dignidad». A esa altura llevaba 25 días de huelga de hambre, ingiriendo solo agua con azúcar, y se declaró dispuesta a seguir hasta el final. «Hoy, después de mi expulsión de mi tierra por las autoridades marroquíes escribe después de ser retenida ilegalmente en este aeropuerto de Lanzarote por el Gobierno español y de ser separada de mis hijos contra mi voluntad, siento más que nunca el dolor de las familias saharauies separadas desde hace más de 35 años por un muro de más de 2.600 kilómetros . Hoy, como cada día agrega sufro pensando en mis compañeros encarcelados, sufro pensando en los siete activistas de DDHH que, por decisión arbitraria del gobierno marroquí, van a comparecer ante un tribunal militar y son amenazados con la pena de muerte. Pienso también en la población saharaui, oprimida y reprimida diariamente por la policía marroquí en el Sahara Occidental. Y pienso en su futuro».
Estamos en una situación límite, y se impone reforzar la solidaridad con Aminatu Haidar por todas las vías.
(JAVIER BARDEM).
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