Espionaje: línea dura y realismo en la Casa Blanca
Nueva York, ANSA
El presidente norteamericano, George W. Bush, enfrenta los casos de espionaje delineando su política exterior con dosis de realismo, disponibilidad para el «juego duro» y un claro cambio de ruta respecto del pasado reciente. Sin embargo, algunos observadores lanzan la alarma: el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia no puede ser definido por el «caso Hanssen». La Casa Blanca parece haber recogido de inmediato las señales de preocupación que surgieron en varios ambientes tras la decisión de expulsar a 50 diplomáticos rusos. Durante todo el día, la administración Bush lanzó mensajes de distensión, tal vez también ante las reacciones provocadas por la mayor acción de antiespionaje desde la época de Ronald Reagan. «Con Putin, que está dando a la política exterior rusa un corte más nacionalista, ya hay una posibilidad creciente de que las relaciones entre Moscú y Washington se hagan más litigiosas. Pero sería una decisión infeliz si el caso Hanssen marcara el torno de las relaciones entre Bush y Putin», escribe el New York Times en un editorial.
Robert Hanssen es el agente del FBI cuyo arresto, con la acusación de haber vendido durante 15 años secretos a Moscú, marcó el comienzo de la guerra de los espías. «Las relaciones entre ambos países –advirtió Michael McFaul, analista político de la Stanford University– son más frías hoy que de una década a esta parte».
La Casa Blanca, con su elección de «tolerancia cero», puede hacer del frío un verdadero hielo. «La administración Bush –señala Andrew Kuchins, experto en asuntos rusos del Carnagie Endowment of International Peace– señaló de varios modos que no ayudará o dialogará con el presidente Putin del mismo modo que Bill Clinton trataba con Boris Yeltsin». «El caso de los espías es síntoma de un cambio fundamental en las relaciones y una señal de que hay un alto potencial para el endurecimiento de las relaciones», agregó. «Está claro que las relaciones se desintegraron desde los buenos tiempos de mediados de los años 90″, señala Dmitri Simes, presidente del Nixon Center de Washington, subrayando que la administración Bush tiene «una actitud mucho más dura». Para McFaul, la realidad es que en la Casa Blanca hoy «no interesa realmente Rusia, ni sus reacciones: en Washington no hay personas interesadas en escuchar qué dice Moscú».
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