OPINION INTERNACIONAL

EL FUTBOL: TERRENO MINADO

Contra todos los pronósticos ganó Argelia l-0 y al conocerse el resultado se desencadenó una batalla campal. Alaa Abdel Ghani en el semanario oficialista egipcio «Al Ahram Weekly» dio esta versión de los incidentes: «Sudán se comprometió a asegurar la seguridad en el estadio Al-Merreikh pero aparentemente no fue capaz de contener a los hinchas argelinos, que apedrearon ómnibus egipcios y aterrorizaron a muchos egipcios que buscaron refugio en hogares, hoteles y restaurantes sudaneses.

«Ellos actuaron así luego de que ganaron. ¿Qué habría pasado si hubieran perdido? Gracias a Dios que no ganamos, dijo el periodista deportivo egipcio Wael El-Ibrashi, quien viajó a Sudán con la delegación oficial. Poco después hubo muchas llamadas de egipcios en Sudán a la televisión de su país quejándose del asedio de jóvenes argelinos».

Otra periodista de «Ahram Weekly», Dena Rashed, narra que después del partido la prensa argelina publicó una noticia falsa acerca de nueve argelinos muertos y centenares de heridos, sugiriendo que seguramente habría represalias contra egipcios radicados en Argelia.

Fue atacada la oficina de la compañía aérea egipcia así como la sede central de Orascom, otra compañía egipcia. La tensión llegó a tal grado que la cancillería egipcia llamó al embajador argelino en El Cairo, Abdel Qader Hadjar, reclamando garantías para la vida de los residentes egipcios en Argelia. Más tarde, el ómnibus que conducía al seleccionado argelino a su paso por la capital egipcia fue apedreado, lo que volvió a irritar los ánimos en Argelia.

Sin embargo, El Cairo no es en absoluto inocente de la exacerbación del conflicto. Es claro que el gobierno de Hosni Mubarak utilizó el partido de fútbol para promover una ola de nacionalismo destinada a hacer olvidar al pueblo los graves problemas internos del país. La misma Dena Rashed de «Al Ahram Weekly» lo admite: «Hubo canciones patrióticas y exaltados comentarios en la televisión pero eso no es todo. Hubiera sido muy difícil no oír los mensajes por radio que pedían a 80 millones de egipcios a que recen por la victoria en el partido del sábado.

Tampoco habría sido fácil ignorar los gigantes carteles en las calles, adornados con banderas egipcias, con pedidos adicionales para que la gente rece. Había banderas en todas partes, en edificios, en automóviles, en los brazos de peatones.

Eran comunes los ruidos de bocinas, los fuegos artificiales, incluso disparos con municiones, todo ello para crear una atmósfera de agresivo contenido emocional».

En un artículo titulado «El exorcismo árabe», Hussein Shobokshi, uno de los columnistas habituales del diario árabe de Londres «Asharq Alawsat» censura la «exageración emocional» egipcia y lamenta que la reacción argelina confirmara «un típico molde de violencia» resultado de la lucha del gobierno con grupos extremistas. A su juicio los enfrentamientos entre Argelia y Egipto no son una excepción y evocan las disputas durante la invasión a Kuwait y durante el período de Nasser, así como los choques entre sirios y libaneses y las tensiones entre los países norafricanos y los países del Golfo.

En cambio, otro columnista del mismo diario, Muhammad Diyab, recuerda que la violencia en el fútbol no es sólo un problema árabe.

Entre otras referencias recuerda la guerra del fútbol entre El Salvador y Honduras y cita al editor del diario deportivo italiano «La Gaceta dello Sport», Carlo Verdelli, que describió en términos apocalípticos el clima de inseguridad en las canchas italianas. Diyab llega a la conclusión de que la violencia se deriva del enfoque dado por las sociedades modernas al fútbol. Citando a un amigo, pregunta: ¿Qué cabe esperar de un juego en el que se utilizan palabras como ataque, defensa, formación y táctica, o sea el vocabulario utilizado para la guerra?

Pero el fútbol no sólo puede ser una fuente de conflicto entre países, también puede ser un gran dolor de cabeza interno.

Esto es lo que sucede actualmente en Irak, como lo informan Rod Nordland y Saad Al-Izzi en el «New York Times» del 25.11.09. El problema es institucional: la FIFA suspendió un partido que debía jugar Irak el viernes pasado, debido a la acusación de que el gobierno interfiere en los asuntos internos de la Asociación de Fútbol iraquí.

Para los articulistas «El tema no es deportivo, sino que se trata de una parábola sobre la vida en Irak, otro ejemplo de la incapacidad de los iraquíes para solucionar sus diferencias. Si bien la controversia no es tan importante como la que dilata la celebración de elecciones nacionales, no deja de ser grave».

El motivo de la disputa parece mínimo; comenzó cuando la Asociación de Fútbol iraquí dijo que resultaba demasiado peligroso celebrar elecciones para su Consejo Directivo y la FIFA aceptó una postergación.

El gobierno quería elecciones de inmediato y disolvió al Consejo local, lo que llevó a la suspensión decretada por la FIFA.

Sin duda el diferendo se habrá de solucionar en un plazo más o menos razonable. Pero el episodio deja en claro que el fútbol es mucho más que el juego favorito de las grandes masas; en momentos de tensión puede convertirse en un fiel termómetro de las tensiones sociales en una sociedad.

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