"Gobierno legítimo". Reiteró que Calderón es un "usurpador" del poder

López Obrador disputará la presidencia de México

López Obrador reunió ayer a decenas de miles de sus seguidores en la plaza del Zócalo de la capital mexicana para reiterar su denuncia del conservador Calderón, al que tilda de «usurpador» del poder, y señalar su propósito de disputar de nuevo la presidencia, enfrentando lo que llama una «poderosa mafia» de políticos y empresarios.

«Ellos mismos saben que este movimiento es lo único que les hace frente y que puede detenerlos. A eso se debe que no han parado de atacarnos», declaró el dirigente en el mitin, en el que también informó que su «gobierno» cuenta con 2,3 millones de afiliados en todo el país.

Desde una vieja y amplia casona amarillenta en la colonia Roma, un barrio tradicional de la capital mexicana, López Obrador se despacha autoproclamándose como «presidente legítimo de México» en una oficina adornada con una foto suya luciendo la banda presidencial.

El ex alcalde de la capital, de 56 años, proclama convencido que ganó la apretada contienda de 2006 a Calderón (PAN, Partido de Acción Nacional, derecha) y cree que se omitió una revisión minuciosa de la votación.

La ventaja de Calderón fue milimétrica. Según el Tribunal Electoral, sobre un potencial de casi 72 millones de votantes, el PAN obtuvo un poco más de 15 millones de votos (35,8%), unos 230.000 más que López Obrador (35,3%).

Durante estos tres años el político izquierdista ha recorrido más de 2.500 poblados y dirige cartas a mandatarios extranjeros como Barack Obama, en su calidad de «presidente legítimo».

Igualmente nombró un gabinete de 12 ministros y ha orientado la realización de protestas como el cierre de la emblemática avenida Reforma, la toma del Zócalo para realizar versiones disidentes de las ceremonias oficiales por el tradicional Grito de Independencia y el saboteo de sesiones legislativas para impedir una reforma petrolera.

Estas acciones le han creado una fama de intransigente e intolerante, que para algunos dirigentes, incluso de izquierda, minan sus posibilidades y han llevado a la bancada legislativa de su colectividad, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), a alejarse de él.

Las operaciones radicales «dejan muy satisfechas a las franjas más intransigentes, pero la población que finalmente va a las urnas las ve con recelo y algunos con temor», señala el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) José Woldenberg.

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