OPINION INTERNACIONAL

LA CARTA DE ZELAYA A OBAMA

Empieza por el principio. «Cuando nos reunimos por primera vez el 8 de julio con la secretaria de Estado Clinton después del golpe de Estado (del 28 de junio) se dejó claro ante mí y ante el mundo la posición de la administración Obama de condenar el golpe de Estado, desconocer sus autoridades y exigir el retorno del estado de derecho con la restitución al cargo del presidente electo por el pueblo», escribe, y agrega que «la posición oficial de su gobierno fue congruente con sus representantes que patrocinaron las resoluciones de la ONU y la OEA, y el tercer punto, que exige mi restitución inmediata y segura». Señala luego que en esa reunión con Hillary Clinton se propuso la mediación del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, y que él, aunque tenía reservas respecto a una mediación con la dictadura militar, la aceptó, considerando el auspicio de EEUU y de la comunidad internacional. Posteriormente, un comunicado oficial del Departamento de Estado estableció que «la conclusión positiva del proceso iniciado por Arias sería la base adecuada para proceder a una elección legítima». Zelaya dice más adelante que sin la visita a Tegucigalpa del subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, de su adjunto Craig Kelly y de Daniel Restrepo, el régimen de facto no hubiera firmado el Acuerdo San José-Tegucigalpa. Pero de inmediato Micheletti rompió el acuerdo. Participantes de primer plano en esta instancia destacaron la responsabilidad inequívoca del dictador al respecto. Arias declaró: «Micheletti nunca tuvo voluntad de colaborar y por el contrario se estaba burlando de la comunidad internacional y sólo buscaba dilatar el tiempo para nunca entregar el poder a quien corresponde». El ex presidente chileno Ricardo Lagos, miembro de la Comisión Internacional de Verificación, manifestó: «El señor Micheletti rompió el acuerdo. Dijo que ‘yo formaré un gobierno de unidad sin Zelaya’, lo que hizo fracasar el acuerdo».

Aquí viene el punto de inflexión. Pues el mismo día que se instalaba en Tegucigalpa la Comisión de Verificación, «sorprendieron manifestaciones de funcionarios del Departamento de Estado ­escribe Zelaya­ que modifican su posición y señalan que ‘las elecciones serían reconocidas por EEUU con o sin restitución'». El firmante afirma categóricamente que «la nueva posición de los funcionarios del gobierno de EEUU esquiva el objetivo inicial del diálogo de San José, relegando un acuerdo con el gobierno legítimamente reconocido hacia un segundo plano, y tratando de trasladar este Acuerdo hacia un nuevo proceso electoral sin importar las condiciones en que se desarrolle». Se estima que ese cambio en la posición de EEUU fue definitorio para que Micheletti borrara con el codo lo que había firmado con la mano y resolviera patear el tablero para mantenerse en el poder.

Zelaya trae a colación las opiniones del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, de que no existen condiciones políticas para efectuar las elecciones, coincidentes con las de la congresista estadounidense Jane Sharkosky, que comprobó en reciente visita la violación sistemática de DDHH que impera en Honduras. Sobre este cúmulo de hechos basa Zelaya su determinación de impugnar legalmente las elecciones en su país.

Después de enviada la carta, el 18 de noviembre se produjo una nueva visita del subsecretario de Estado adjunto, Craig Kelly, quien declaró que «parte importante de la solución para avanzar hacia el futuro son las elecciones hondureñas» y enfatizó que «nadie tiene derecho de quitarle al pueblo hondureño el derecho de votar y de elegir a sus líderes», lo que va en el sentido de reconocer sus resultados. A esa altura, ya el Congreso hondureño, continuando la farsa del gobierno dictatorial, había resuelto tratar la restitución de Zelaya…después de las elecciones. Richard Lugar, considerado el peso pesado republicano en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, aboga por reconocer el resultado electoral y enviar una delegación a Honduras, pero no hay ningún legislador demócrata dispuesto a acompañarlo en esa posición. La OEA ya anunció que no enviará delegación alguna.

Zelaya solicita una respuesta a su carta, y todavía la está esperando. Mientras tanto el régimen dictatorial acelera los preparativos electorales en medio de un clima de acentuada represión, como veremos.

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