Breves internacionales

El astronauta del trasbordador Atlantis Randy Bresnik se despertó ayer a primera hora con la esperada llamada que le comunicaba el nacimiento de su hija. Su esposa, Rebecca, dio a luz a Abigail justo después de medianoche, cuando Bresnik estaba en órbita 220 millas por encima de la tierra junto con otros 11 astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional.

Bresnik despegó el lunes para una misión de 11 días que pretende suministrar piezas de repuesto a la estación.

«Estoy un poco decepcionada de que no podrá estar ahí, pero comprendo que no elegimos el momento y estoy entusiasmada por él, que está haciendo lo que está haciendo», dijo Rebecca Bresnik en una entrevista antes del lanzamiento la semana pasada. La pareja esperaba el nacimiento para el viernes. El parto fue inducido dos semanas antes de lo previsto por problemas médicos. Los Bresnik, a los que les habían dicho que no podían tener hijos, adoptaron el año pasado un niño de Ucrania. Tres meses después de que llegara a vivir con ellos en Houston, Rebecca se enteró de que estaba embarazada. «Tenemos a este niño súper contento y sano de tres años cuya vida ha cambiado completamente», contó ella en la entrevista previa al viaje espacial de su marido. «Ha pasado de estar en un orfanato en el otro lado del planeta a estar en un simulador de un transbordador volando con su padre hace un par de semanas».

 

La prensa brasileña festejó, con bombos y platillos, la decisión de la alcaldía de Río de Janeiro de prohibir la venta de cocos en las arenas de las playas cariocas.

La tradicional imagen de turistas y locales bebiendo agua de coco directamente del recipiente vegetal, desaparecerá cuando menos de las arenas de las playas de Río por decisión oficial, a partir de diciembre.

Claro que quienes venden el producto sobre la acera que bordea la arena podrán seguir con el comercio de esta tradicional bebida, sirviendo el agua de coco en vasos industrializados.

Al final de cada jornada, cuando los bañistas dejan las playas turísticas de Copacabana, Ipanema y Leblón, es una constante la presencia de toneladas de residuos dejados atrás, principalmente latas de cerveza, recipientes y bolsas plásticas, y un volumen imponente de cocos verdes.

Horas después, caída la tarde, efectivos de la municipalidad recogen la basura que se genera en la jornada y separan los cocos, que son materia orgánica, del resto de la montaña de desperdicios y los cargan en tarros específicos.

La imagen se repite cada día y según datos obtenidos por el diario Folha de Sao Paulo, los cocos representan 25% de la basura recogida en las playas cariocas.

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