CRIMINALIDAD CRECE EN QUITO
Quito tiene estos días una presencia inusual de policías y militares que patrullan sus calles contra la criminalidad, que ganó terreno en Ecuador y afecta la imagen del presidente Rafael Correa, si bien los índices parecen estabilizarse.
La medida, que también rige en Guayaquil y Manta (suroeste), se enmarca en un «estado de excepción» decretado hace un mes, por 60 días, ante lo que el gobierno llamó «agresión del crimen organizado que conmociona al país».
Estas operaciones en las principales ciudades son extrañas, pese a que ambas fuerzas suelen coordinarse contra objetivos específicos.
Los despliegues que, según el gobierno han permitido desarticular 22 bandas, incluyen retenes sorpresivos en los que unos 30 hombres registran vehículos en busca de delincuentes.
«Unos colaboran y nos felicitan; otros protestan porque dicen que afectamos el tráfico y hasta nos gritan insultos», cuenta el teniente de la Policía Hernán Salazar durante un operativo en Quito. «No hacemos grandes hallazgos, pero la gente se siente segura», anota.
La cuestión de la delincuencia está de lleno entre los ecuatorianos, que a diario comentan asaltos propios y ajenos, e intentan ser más precavidos.
Una encuesta de la firma Cedatos-Gallup de fines de octubre mostró que la inseguridad es la segunda preocupación de los ecuatorianos (27%) detrás del desempleo (28%).
«Es uno de los factores que más aporta a la baja en la aprobación» de Correa, que cayó de 49% a 44% en ese sondeo, explica Carlos Córdova, director de la encuestadora.
Frente a 140.000 denuncias de 2008, la Fiscalía registró 112.447 entre enero y setiembre pasado. De éstas, 50,1% (56.382) fueron por robo y 2,6% (2.963) por homicidio, las de mayor impacto.
En todo 2008 la entidad contabilizó 72.816 hurtos y 5.041 homicidios.
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