Hamid Karzai perdió el respeto del Occidente
Ocho años después de llegar al poder, la popularidad del presidente afgano Hamid Karzai se ha venido abajo y, a pocos días de su investidura para un nuevo mandato, el ex niño mimado de Occidente aparece más bien como un paria a ojos de la comunidad internacional.
En junio de 2006, Hamid Karzai era aún «la persona más admirada y respetada en el seno de la comunidad internacional», según la secretaria de Estado norteamericana de la época, Condoleezza Rice.
El mes pasado, el mismo hombre, pálido, aceptaba de mala gana, bajo la mirada atenta del senador estadounidense John Kerry y del representante de la ONU Kai Eide, la celebración de una segunda vuelta de la elección presidencial, después de una primera votación marcada por fraudes masivos en su favor.
Mientras, la situación en Afganistán se deterioró considerablemente, con el avance de la insurrección de los talibanes y una corrupción endémica hasta los más altos niveles del Estado.
«Estamos de acuerdo, Karzai es corrupto, pero es nuestro hombre», resumió hace unos días con una asombrosa franqueza el ministro frances de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner.
«Realmente no ha cambiado, sigue siendo el mismo Karzai de siempre. La diferencia, es que Occidente aprendió a conocerlo», estimó Waheed Mudja, un analista político afgano.
«Primero, Karzai fue muy popular: diferente de los antiguos dirigentes implicados en la guerra civil, hijo de un hombre poderoso y respetado, apoyado por el Occidente», recordó el universitario Nasrulá Stanikzai. «Luego, Estados Unidos multiplicó los errores en Afganistán y trató de justificarse acusando a Karzai, que cada vez tenía la osadía de oponerse a él», afirmó.
Si Hamid Karzai tenía relaciones privilegiadas con las administraciones Bush y Blair (éste último le consiguió una orden de honor entregada por Isabel II en 2003), mantuvo relaciones ambiguas con los caudillos que devastaron Afganistán.
Irónicamente, sus críticos lo había apodado el «alcalde de Kabul», haciendo notar que no hacía frente a los grandes señores feudales.
«Karzai fue reelegido para un nuevo mandato. La comunidad internacional hizo saber claramente cuales eran sus expectativas. Y los primeros gestos no fueron buenos, como su primera aparición junto a Jalili y Fahim», estimó un responsable internacional que pidió mantener el anonimato.
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