La ex Europa comunista acata leyes de mercado
En veinte años, desde el hundimiento del sistema comunista, Europa Central ha vivido la experiencia inédita de metamorfosear economías dirigidas e integrarlas en las economías de mercado.
«Todos lo hemos logrado, y eso que en aquel momento el éxito no estaba para nada garantizado», se congratuló el ministro polaco de Finanzas, Jacek Rostowski, en un reciente foro económico regional en Krynica (sur).
Polonia, la mayor economía entre los diez nuevos miembros de la UE en 2004, fue la primera que lanzó una reforma sistemática en 1990. Hoy en día es el único país de la UE que ha preservado su crecimiento económico a lo largo de la crisis.
Los cambios han transformado totalmente el paisaje económico de los países llamados del Este, barriendo buen número de pilares de la economía comunista, como los astilleros polacos, cuna de la lucha contra el antiguo régimen y ahora a punto de desaparecer.
Sólo algunos, privatizados parcial o completamente, han renacido. El fabricante automovilístico rumano Dacia (Renault) y el checo Skoda (Volkswagen), la petrolera polaca Orlen y la húngara MOL, se han convertido en actores a escala europea, al lado de recién nacidos locales o grupos internacionales que invirtieron en el Este.
«Al principio nos decíamos: ‘Si pasar de una economía de mercado a una economía planificada es como preparar una sopa de pescado a partir de un acuario, la inversa será infinitamente más difícil'», recuerda Ivan Miklos, padre de la reforma eslovaca.
El objetivo parecía común: la economía de mercado. Pero el punto de salida, los métodos adoptados y el ritmo de los cambios han variado.
Hungría, Checoslovaquia o Alemania oriental estaban considerados países de ensueño en una Polonia donde ciertos productos estaban racionados y la inflación era cercana a 750% en diciembre de 1989.
Los países bálticos, que recobraban su independencia de la Unión Soviética en 1991, estaban obligados a construir de nuevo sus propias economías.
Al principio, «nosotros ni siquiera sabíamos a qué país iba nuestra producción», recuerda Kazimiera Prunskiene, la primera jefa de un gobierno lituano independiente.
Polonia apostó por su Big Bang desde el 1º de enero de 1990.
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