América Latina creció un 4%
Washington y Santiago de Chile, ANSA
Para 2001, en cambio, el optimismo del BID se reduce, ya que el organismo advirtió que una desaceleración prolongada y aguda de la economía de Estados Unidos podría tener un severo impacto en el desempeño económico de toda la región.
El índice superior al 4 por ciento de crecimiento y el continuo descenso de la inflación, que alcanzó el 5,2 por ciento en 2000, marcaron una mejora notable en comparación con el año anterior en América Latina, dijo el BID.
Según el organismo financiero, esta rápida recuperación en la región fue producto de las medidas de ajuste fiscal y monetario de 1999 aplicadas en los países de América Latina y el Caribe.
En su reporte anual, que comenzó ayer a ser analizado en la asamblea anual que el Banco está celebrando en Santiago de Chile hasta el 21 de marzo, el BID destaca que en el curso del año los gobiernos de la región mantuvieron su compromiso con la estabilidad macroeconómica y el proceso de reformas estructurales.
Además, señaló, en muchos países se aprobaron leyes de responsabilidad fiscal y en la mayoría prosiguieron las privatizaciones y los programas de modernización del Estado.
Sin embargo, advirtió el informe, la región seguirá sometida a los vaivenes de la marcha de la economía estadounidense, y la desaceleración iniciada en ese país provocará una disminución en el crecimiento para 2001, que se situará en torno al 3,5 por ciento.
Entre las autoridades económicas de la región reina la preocupación por los efectos negativos que los mercados financieros internacionales podrían sufrir en caso de una desaceleración más marcada de la economía de Estados Unidos o un ajuste importante del mercado bursátil, destaca el informe.
Así como subraya el entorno internacional favorable en términos generales para América Latina en 2000, debido principalmente al crecimiento de Estados Unidos, el alza de los precios internacionales del petróleo y el continuo acceso a los mercados internacionales de capital, el BID reconoce también que el aumento de las tasas de interés y la inestabilidad del mercado bursátil norteamericano elevaron el costo del financiamiento para muchos países de la región.
En su panorama del año pasado, el BID señala que la disponibilidad de recursos financieros externos para las economías emergentes mejoró durante ese período, pero admite al mismo tiempo que, pese a ciertos acontecimientos positivos en este frente, las entradas netas de capital privado a América Latina y el Caribe continuaron mostrando indicios de inestabilidad en 2000.
Las inversiones, agrega, incluso experimentaron un ligero descenso hacia finales de año.
Además –completa–, las corrientes de capital se dirigieron principalmente a Brasil y México, países que recibieron el 70 por ciento de las inversiones extranjeras directas durante 2000 y prácticamente todas las inversiones de cartera netas de la región.
Al pasar de los factores macroeconómicos a la descripción de la situación social en el subcontinente, el tono del informe del BID cambia de dirección. La crisis económica de 1999 tuvo un efecto muy negativo en los mercados laborales de la región, que se corrigió sólo en parte en el 2000, comienza a decir el informe del organismo.
El desempleo promedio regional del 7,8 por ciento con picos superiores al 12 por ciento en Argentina, Colombia, Uruguay y Venezuela, la disparidad salarial y otros factores permiten que la desigualdad siga siendo muy grande en América Latina y el Caribe y que incluso esté aumentando en varios países.
La pobreza se redujo un poco gracias al crecimiento económico que se tradujo en aumentos de ingresos. Sin embargo, precisa el reporte, esos aumentos para los pobres fueron menos que proporcionales.
En América Latina, informa el BID, entre 180 y 200 millones de personas todavía viven en la pobreza, es decir, entre un 37 y un 40 por ciento de la población.
Debido a la falta de sistemas adecuados de protección social en la mayoría de los países de la región –completa el reporte– las crisis económicas han sido la causa principal que ha impedido una reducción más rápida y sostenible de la pobreza.
En este marco, concluye el BID, ahora el principal desafío consiste en traducir las condiciones de estabilidad a nivel macroeconómico en adelantos a nivel microeconómico.
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