Durante su visita a Egipto llamó a las iglesias a una reforma del papado

Juan Pablo II pidió diálogo y acercamiento entre cristianos

En la segunda jornada de su visita a Egipto, que comenzó con una misa ante 20.000 fieles, y en presencia del Papa Ortodoxo copto Chenuda III, Juan Pablo II afirmó que no había «tiempo que perder» en la búsqueda de una nueva formulación de su papel, a fin de acelerar la reunificación de todos los cristianos.

El Papa deseó que «el tercer milenio cristiano sea el milenario de nuestra plena unidad».

También dijo que es «particularmente importante» que los cristianos den ya «un testimonio común de su fe» al comienzo del nuevo milenio. «Asimismo, por esta razón no hay tiempo que perder», agregó.

«En lo que respecta al ministerio del Opispo de Roma (el Papa) pido al Espíritu Santo que nos conceda su luz e ilumine a todos los pastores y teólogos de nuestras Iglesias a fin de que podamos buscar juntos las formas según las cuales este ministerio podrá relizar un servicio de amor reconocido por unos y por otros. Queridos hermanos, no hay tiempo que perder en ese tema», declaró el Pontífice.

El Papa no precisó qué formas podría tomar la nueva reformulación de su rol, que concierne al conjunto de las iglesias cristianas, vale decir a 1,8 millones de fieles.

Juan Pablo II había ya efectuado una proposición de tal naturaleza especialmente en 1987 durante una reunión en Roma con el patriarca ortodoxo de Constantinopla Dimitrios I, pero es la primera vez que insiste sobre la urgencia de comenzar tales tareas.

Entusiasmo

El anciano pontífice, casi octogenario y aquejado del mal de Parkinson, visiblemente cansado, pese a que su programa fue reducido a lo esencial, mostró entusiasmo juvenil por encontrar la unidad de los cristianos, quebrada por diferentes cismas que se han producido a partir del siglo VI.

En la mañana el Papa celebró una misa con los prelados de diferentes ritos, en siete lenguas diferentes «en un gran momento

«John Paul II, We love you!» es con esos gritos de alegría pronunciados en inglés que 20.000 egipcios agrupados en las tribunas del estadio de El Cairo acogieron al Papa, agitando echarpes multicolores con su retrato.

«Siento una felicidad inmensa por la llegada de Su Santidad a Egipto. Para mí, mi familia y mis hijos es una bendición», declaró a la AFP Raymond Terzian, 38 años, hombre de negocios católico de rito armenio, llegado al estadio a las seis de la mañana. «Es un gran momento de emoción para Egipto y para mí esto representa la paz y la unidad de las iglesias cristianas», declaró Nur Makram Ebeid, de 13 años, copta ortodoxa que asiste al liceo francés de Maadi, en la periferia de El Cairo.

«Pienso que su visita a Jerusalén tendrá un impacto enorme para nosotros porque Jerusalén pertenece a todas las religiones y todos los pueblos y es inaceptable que tengamos necesidad de una autorización para entrar» declaró ayer la actriz musulmana Yusra.

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