¡Uy!

¡Le robó el nombre y se casó por él!

Buenos Aires, Reuters

Veinte años atrás el argentino Miguel Abraham perdió su identidad cuando un extraño robó su documento. Desde entonces no pudo votar ni casarse, porque «el otro» ya lo había hecho por él.

«En el ’79 yo trabajaba en un corralón (lugar de venta de materiales de construcción) y teníamos un casillero donde dejábamos nuestra ropa y nos poníamos la ropa de trabajo», contó Abraham en una entrevista telefónica con Reuters.

«Un día encuentro que no tenía el documento, pero no estaba seguro de si me lo habían robado o lo había perdido, así que fui y saqué el duplicado», agregó.

Poco después Abraham abandonó el corralón y comenzó a trabajar como chofer de autobuses en una empresa de su pueblo, Cipolletti, en la sureña provincia de Río Negro, sin saber que otro Miguel Abraham también vivía allí y tenía el mismo número de documento.

La existencia de su «clon» fue desconocida para el verdadero Abraham hasta 1983, cuando tras el fin de la dictadura los argentinos volvieron a votar.

«En el 83, cuando fui a votar con el duplicado, me encuentro con que yo ya había votado», dijo entre risas.

Pensó que se trataba de un simple error, pero se equivocó.

Tres años más tarde quiso casarse con su novia Nancy Jara pero no pudo. «Usted ya está casado», le dijeron en el registro civil.

Al día siguiente del fallido matrimonio, la delegada del registro civil se presentó en el trabajo del falso Abraham y retuvo su documento.

«Ahí lo reconocí. Había sido compañero mío en el corralón. Era chileno y necesitaba los documentos para quedarse en Argentina porque no tenía residencia», dijo Abraham.

Al verdadero Abraham también le retuvieron su identificación hasta que la Justicia pudiera determinar quién era quién y resolver el extraño caso.

«Me secuestraron el documento y tuve que tramitarlo nuevamente. Hasta el día de la fecha no he tenido noticias», dijo Abraham.

Mejor suerte corrió el usurpador de su identidad, quien obtuvo la residencia en Argentina y los nuevos documentos con su nombre verdadero: Gustavo Jara.

Mientras tanto, Abraham tiene dos esposas y otros dos hijos además de los seis propios.

«El que usó mi nombre sacó ahora los documentos como corresponde, con su verdadero nombre y apellido. La cuestión es que él ahora figura como soltero en los registros y el que figura como casado soy yo, pero con la señora de él y los hijos de él», se quejó Abraham.

Como una fatídica paradoja, el usurpador de su nombre lleva el mismo apellido que su mujer: Jara.

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