Guyana elige hoy a su nuevo presidente
Georgetown, AFP
Carreteras de tierra, casas desvencijadas y deficientes servicios públicos: Guyana asemeja la imagen gastada de una foto que se tomó hace varias décadas, perdiendo la belleza de antaño, pero conservando la animosidad y jolgorio de la población, que se prepara hoy lunes para eligir presidente y Parlamento.
Georgetown, la capital, es en sí misma una síntesis del país: congrega casi un cuarto de los 800.000 habitantes del país y hace unas cinco décadas era considerada una de las urbes más hermosas de Suramérica, con sus amplias casas de madera blanca, construidas al típico estilo colonial británico con techos rojos, verdes o grises y canales bordeando sus avenidas, que recuerdan la época del dominio holandés.
El esplendor se perdió: en la actualidad casi todas las edificaciones y casas –en la capital escasean los edificios de más de tres plantas–, están deterioradas, con excepción de alguna que otra embajada y el Parlamento, una bella estructura rosada de dos pisos que domina el casco histórico.
En la capital se encuentran la mayoría de las calles asfaltadas del país, pero que de igual forma parecen campos minados repletos de hoyos, roturas en el pavimento, y que son sorteados por los vehículos que conducen por la izquierda, a la usanza británica, y por los ciclistas que pululan y que deben torear a los conductores que usualmente burlan las señales de tránsito.
La zona más bella de la capital se encuentra cerca del campo de la Universidad de Guyana, una urbanización donde reside la mayoría de los diplomáticos y la gente patricia del país, que viven en hermosas residencias de madera de dos pisos, de colores pasteles o blancas, rodeadas de altas palmeras y frondosos árboles tropicales.
Pero fuera de sus fronteras se extiende la real vida urbana de pobreza del único país anglófono de Suramérica, que es apenas una minoría frente a los habitantes rurales, de aún mayor precariedad.
Menudean las casas abandonadas que han sido invadidas y se sostienen por tan sólo unas tablas, uno que otro pequeño mercado familiar de venta de comida, deficientes servicios publicos y mucha gente humilde caminando bajo el inclemente sol, que aunado a la humedad reinante, conforman un clima pastoso difícil de soportar en las horas del mediodía.
A pesar de que este país tiene serios problemas raciales entre la mayoría indostana y la minoría negra, tampoco es tan extraño observar mujeres indias asidas de manos con afroamericanos, o personas de estas etnias junto a indígenas y chinos –los otros dos grupos importantes del país– comprando codo a codo en el Mercado Stabroek.
Enclavado en pleno centro de la capital, el Mercado Stabroek es un lugar que congrega miles de pequeños puestos de vendedores que se mantiene en funcionamiento los 365 del año.
La bulla es el elemento central de este sitio: desde varios altavoces dispuestos en diversos lugares, las notas del reggae y otras tonalidades caribeñas son esparcidas entre las personas, quienes pueden ser descubiertas bailando sin pareja en cualquier callejón aledaño, entre los olores del curry y demás especies, que son los vapores más cotidianos de este país, ubicado en el noreste sudamericano. «Guyana es festiva, ‘man'», suelta un joven negro que vende en el mercado.
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