PIADOSA IGNORANCIA
¿Podrá este injerto de modernidad comprada cambiar una sociedad fanáticamente conservadora? ¿Podrá ejercer una influencia importante para el mejoramiento de la educación en Arabia Saudita y en todo el mundo árabe? Lamentablemente hay demasiadas razones para ser escépticos al respecto.
Un informe del semanario «The Economist» de Londres en su edición del 17 de octubre brinda argumentos difícilmente refutables para mantener ese escepticismo. La publicación comienza destacando la distorsión de una noticia sobre el hallazgo de un homínido de 4,4 millones de años en la revista norteamericana «Science» en la prensa árabe, interpretado como una presunta refutación de la teoría de Darwin, lo que fue celebrado por numerosos lectores como un triunfo del islam en la lucha contra el materialismo occidental.
El semanario británico explica que esto no debe ser considerado sorprendente ya que sólo una tercera parte de los egipcios adultos escucharon alguna vez hablar de Charles Darwin y apenas un 8% cree que su famosa teoría tiene algún fundamento. En una encuesta de nueve escuelas estatales en las cuales se enseñan las ideas de Darwin para estudiantes de 15 años de edad, ninguno de los 30 maestros interrogados está convencido de su veracidad. En una universidad privada de los Emiratos Arabes Unidos sólo un 15% del profesorado opinó que la teoría de la evolución tiene elementos positivos.
Obviamente la traba esencial es el lugar prominente de la religión en la cultura árabe.
Hasta hace muy poco las escuelas primarias en Arabia Saudita dedicaban un 31% del tiempo de clase a la religión y sólo un 20% a las matemáticas y las ciencias.
A pesar de todos los cambios en los planes de estudios en los últimos años, los estudios religiosos ocupan un lugar muy importante desde la escuela primaria a la universidad.
El problema no es que se gaste poco en educación, el promedio general es superior a la media internacional.
El tema es su falta de calidad. Uno de los estudios comparativos más rigurosos de los sistemas de educación, el Timss (Trends in International Mathematics and Science Study) establece en su último informe de 2007 que de 48 países analizados, los 12 países árabes incluidos en el estudio están por debajo del promedio general. En la lista de las 500 mejores universidades del mundo, compilada anualmente en la Universidad Jiao Tong de Singapur, se incluyen tres universidades sudafricanas y seis israelíes pero ninguna árabe.
El Forum Económico Mundial con sede en Suiza coloca a Egipto en el lugar Nº 124 entre 133 países en lo que se refiere a la enseñanza de la matemática y las ciencias en las escuelas primarias. Libia, pese a su alto ingreso per cápita anual de U$S 16.000 está en el lugar Nº 128 en la calidad de su enseñanza, aun por debajo de Burkina Faso, un pobrísimo país africano con un ingreso per cápita de U$S 577.
Por su parte, las riquísimas monarquías petroleras del Golfo gastan montañas de petrodólares para crear islas de conocimiento tecnológico con profesores occidentales, pero tienen el problema de encontrar estudiantes calificados.
El gran escollo es el dominio en todos los campos de la vida, desde la enseñanza hasta la organización del Estado, de una religión del siglo VII que no ha sufrido ninguna reforma profunda. La mera compra de tecnología y cerebros occidentales y el establecimiento de islas del conocimiento alejadas de la sociedad, no puede cambiar nada. Lo que esas sociedades necesitan es una fuerte inyección de secularismo. Pero todo indica que la tendencia dominante es contraria a toda genuina modernización, que implica necesariamente la secularización de la sociedad y la eliminación o al menos una considerable reducción del poder religioso.
Más aún, las sociedades musulmanas y el mundo entero enfrentan una «guerra santa» de los sectores religiosos más radicales, que luchan por un mundo más primitivo, más tribal, más sujeto a códigos de conducta pre-modernos, en el que la autoridad religiosa tendrá la última palabra y en el que los no musulmanes serán «dhimmis» o sea ciudadanos de segunda categoría obligados a rendirle pleitesía a los verdaderos creyentes.
Por ello, todo parece indicar que seguirán estancados en su ignorancia piadosa.
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