RECHAZO RECORD AL BLOQUEO A CUBA
En 18 votaciones sobre el punto realizadas desde 1992, la cifra de votos contra el bloqueo ha crecido en forma ininterrumpida, sin ninguna excepción. Ésta era la primera vez que se planteaba el tema bajo el gobierno de Obama. Y se reprodujeron los mismos 3 votos en contra del año pasado: EEUU, Israel y Palau, mientras la cifra de votos a favor de la moción cubana subió de 185 a 187, y se abstuvieron dos naciones isleñas, Micronesia y las Marshall, que en ocasiones anteriores votaron en contra o se abstuvieron. Ya hemos aclarado que las tres son en realidad protectorados de EEUU en el Pacífico, que tiene allí sus bases militares y han sido blanco de pruebas nucleares.
El hecho es que se produjeron 18 votaciones sobre el tema, todas contundentes en el mismo sentido, pero nada cambió. Es realmente aberrante. No hay otro caso igual en el mundo, y que se mantenga durante tanto tiempo: 47 años a partir de la Proclama Presidencial Nº 3.447 firmada por el presidente John F. Kennedy el 7 de febrero de 1962, y que acentuó sus proyecciones extraterritoriales con la ley Torricelli firmada por el presidente Bush padre en octubre de 1992 y la ley Helms-Burton promulgada por el presidente Clinton en marzo de 1996. Cuba es el único país que sufre una agresión permanente de este tipo. Esta circunstancia coloca en entredicho todo el sistema de Naciones Unidas y su capacidad de decisión, incluyendo la integración del Consejo de Seguridad y el derecho de veto de algunas potencias.
Otra conclusión de la votación es la alianza permanente entre EEUU e Israel, que se apoyan mutuamente. No falló nunca en las 18 votaciones sobre el bloqueo. Nunca. Y tiene su extensa contrapartida. Ahora mismo EEUU se opone a poner en marcha las conclusiones del informe Goldstone aprobadas por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y paraliza las acciones propuestas ante la Corte Penal Internacional de La Haya, asegurando de este modo la impunidad por los crímenes de guerra y contra la humanidad perpetrados por Israel en la franja de Gaza en su reciente ofensiva.
La 27ª reunión plenaria del 64º período de sesiones de la Asamblea General citada para discutir el tema titulado «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba» estuvo presidida por el libio Ali Treki, quien a las 12:40 hora de Nueva York del miércoles 28 anunció la aprobación de la resolución A64/L4 presentada por Cuba. Tuvimos ocasión de escuchar los fundamentos de voto afirmativos de la Unión Europea (expuesto por el delegado de Suecia, que ejerce la presidencia pro-témpore), de Venezuela, Brasil, Nicaragua, también de Uruguay, de la Federación Rusa y otros. El delegado cubano, canciller Bruno Rodríguez, expuso los ingentes prejuicios que el bloqueo y sus proyecciones ocasionan a Cuba en múltiples ámbitos (véase al respecto las notas de los días 22 y 25, «Poner fin al bloqueo a Cuba» e «Historia del bloqueo»).
En uso del derecho de réplica, el canciller cubano que recibió felicitaciones desde todos los ángulos- volvió a intervenir para refutar apreciaciones de la delegada de EEUU, Susan Rice. Ésta sostuvo que el tema no debiera discutirse en el foro internacional en tanto se trata de «un asunto bilateral» y que cada estado tiene el derecho de establecer sus relaciones comerciales con otro según le plazca, tratando de minimizar los efectos que esta política provoca en la isla caribeña (y que el documento cubano estima, como daños económicos directos, en 96 mil millones de dólares, cifra que superaría los 236 mil millones de dólares si se consideran las actuales cotizaciones de la divisa). No es verdad que el bloqueo sea un asunto bilateral entre Estados Unidos y Cuba, respondió Bruno Rodríguez, en la medida que las leyes Torricelli y Helms-Burton sancionan a una extensísima gama de terceros países por comerciar con Cuba. Un hecho demostrativo es que, previamente a la reunión, 122 naciones elevaron informes al secretario general de la ONU reseñando las afectaciones que el bloqueo provoca sobre sus economías. Y que impacta incluso a diversos sectores de intereses de los Estados Unidos, según señaló el canciller.
Hay más paño para cortar en este tema.
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