LA "NIÑA" DE LA EX RDA
Considerada poco carismática y peor oradora, apodada durante años «la niña», Angela Merkel, 55 años, criada en la extinta RDA comunista, y llegada a la política con la caída del Muro de Berlín, se convirtió sin embargo, el 22 de noviembre de 2005, en la primera mujer en dirigir Alemania.
Además era la primera mujer desde la británica Margaret Thatcher en gobernar un gran país europeo y la primera jefa de gobierno procedente de la ex RDA. Aquella a la que la revista Forbes eligió cuatro años consecutivos como «la mujer más poderosa del planeta» se ilustró durante la presidencia alemana de la Unión Europea (UE) haciendo adoptar el Tratado de Lisboa.
Con la llegada de la crisis, recibió numerosas críticas de sus socios de la UE cuando se negó a adoptar un plan de reactivación europeo, lo que le valió la etiqueta de «La señora no».
A nivel exterior, Merkel se destacó por su llamada al orden a Rusia sobre la cuestión de los derechos humanos, y su exigencia al papa Benedicto XVI de tomar distancias con las teorías negacionistas de un obispo integrista.
En política interior, sin embargo, evitó tomar posiciones rígidas. Obligada a convivir con la izquierda en la gran coalición de gobierno, abandonó las tesis liberales que defendía en 2005 y se contentó con generalidades, repitiendo que «el crecimiento crea empleo».
La única excepción fue su batalla para salvar al constructor automotor Opel y sus 25.000 empleos en Alemania, meses antes de las elecciones, logrando que éste fuera comprado por el fabricante de automóviles canadiense Magna apoyado por capital ruso. Muchos alemanes saludan su pragmatismo y su simplicidad. Sin embargo, sus convicciones siguen siendo un misterio para ellos. «Es una persona muy cerrada que aprendió bajo el régimen de la RDA a no expresar nunca lo que piensa», dice a la AFP su biógrafo, Gerd Langguth.
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