OPINION INTERNACIONAL

HERMANOS ENEMIGOS

¿Estaríamos entonces más cerca de esa meta que es abrazada por la mayor parte de la comunidad internacional? Todo parece indicar que la respuesta más sensata a esta interrogante es negativa. Así como el retiro israelí del Líbano no indujo a Hezbollah a hablar de paz y el retiro israelí de Gaza no llevó a Hamas a renunciar a su sueño de borrar a Israel del mapa del Medio Oriente, es casi seguro que cualquier medida conciliatoria de Israel no allanará el camino para un avance significativo hacia la creación de un estado palestino unido e independiente. ¿En qué se basa esta afirmación? Sobre todo en la implacable hostilidad mútua que se profesan los dos hermanos enemigos, Hamas y Fatah. Ambos ya llevan más de un año negociando con la mediación egipcia y nadie cree en la posibilidad de que puedan alcanzar un acuerdo lo suficientemente sólido como para que ambos se unan conviritiéndose en un interlocutor válido en negociaciones realistas con Israel. Tariq Alhomayed, editor del diario árabe «Asharq Alawsat» escribe en la edición del 17 de octubre : «Hamas pasó por una semana de confusiones en relación al informe Goldstone y pide postergación tras postergación, luego de un año de idas y venidas a El Cairo. Es claro que Hamas no quiere una reconciliación o que la decisión no está en sus manos. Es lamentable que la posición de Hamas, y la de las facciones en Damasco, viene en un momento en que las organizaciones internacionales advierten del peligro de la situación en Gaza. De hecho, advierten contra un quiebre de la sociedad, pues Hamas fracasó en su guerra con Israel y no fue capaz de alcanzar un armisticio. Tampoco logró alcanzar un acuerdo con la Autoridad Palestina o aliviar la situación de la población en Gaza ya que lo único que le interesa es el poder.» Un artículo titulado «Silbando en el viento», firmado por Saleh Al Naami y publicado en «Al Ahram Weekly», refleja la frustración egipcia ante la profunda desconfianza mutua de ambos bandos palestinos. Entre otros, cita al analista Nehad El­Sheik Khalil, quien sostuvo que varios pasajes del último discurso del presidente demuestran que Abbas no desea «seriamente» poner fin a la división palestina. Abbas no ocultó que su objetivo esencial en el diálogo era lograr la realización de elecciones con la esperanza de sacar a Hamas del poder en Gaza.

Por su parte, un líder de Hamas, Ghazi Hamad, entrevistado por el articulista dijo dudar de que un acuerdo de reconciliación valga más que el papel en el que estará escrito, ya que cada bando tratará de implementar lo que sirva a sus propios intereses.

Guy Bechor, un columnista del diario israelí «Yediot Ajaronot» describe la animosidad mutua de manera gráfica : «¿Es posible imaginar un casamiento en el cual el novio y la novia rehúsan encontrarse? Es un poco embarazoso, pero éste es el modelo egipcio para el acuerdo de reconciliación entre Fatah y Hamas, sin embargo, ambas partes todavía vacilan en aceptar este extraño arreglo nupcial. Egipto sabe que lo que crea dificultades a un acuerdo palestino es la repulsión mutua. Mahmud Abbas está convencido de que Hamas planea una trampa, que acumula armas en Gaza y en el Margen Occidental y tiene un plan secreto para derribarlo del poder. Y Hamas teme una conspiración similar de parte de Fatah, en caso de que se permita la llegada de sus combatientes a la franja de Gaza».

Por su parte, el periodista árabe­israelí Khaled Abu Toameh titula sugestivamente en el «Jerusalem Post» del 15 de octubre : «Hamas y Fatah se encaminan hacia un matrimonio forzado». Entre otros conceptos, escribe: «Fatah y Hamas parecen encaminarse hacia un nuevo acuerdo de reconciliación que ninguno de ellos quiere». De hecho, ambos tratan de torpedear el acuerdo, cada uno a su manera. Las dos partes se odian tanto que los mediadores egipcios tuvieron que enviar copias del acuerdo por fax a ambos para que los firmen separadamente y los envíen a El Cairo.

«Al forzar a Hamas y a Fatah a un matrimonio no deseado, los egipcios repiten el mismo error que los sauditas y los yemenitas. Los sauditas obligaron a ambos grupos palestinos a firmar el acuerdo de Jeddah, que duró menos de cuatro meses.

Los yemenitas trataron de imitar el ejemplo saudita, pero recibieron un golpe humillante cuando los negociadores de Hamas y Fatah abandonaron el país sin firmar un acuerdo, a pesar del anuncio sobre un presunto entendimiento del gobierno de Yemen. Aún si Hamas se rinde a la presión egipcia y agrega su firma al acuerdo propuesto, no hay garantía de que alguna vez será implementado».

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