¿CUANTAS MUERTES SE PRECISAN?
Ese día se había realizado el sepelio de los restos del profesor Jairo Sánchez, catedrático y presidente del sindicato de trabajadores del Instituto Nacional de Formación Profesional, y se denunció el asesinato del profesor Eliseo Herrera en el municipio Azacualpa Santa Bárbara, ambos activos militantes contra el golpe y por la restitución de Zelaya (véase la nota del día 21, «Maniobras dilatorias sin fin»). A esos hechos aludía el periodista. No hubo respuesta.
El miércoles 21 de octubre se cumplió un mes del ingreso del presidente Zelaya a la Embajada de Brasil. Ese día se intensificaron las torturas de diverso orden (sonidos estruendosos, luces cegadoras y restricciones en las comidas) que aplica el régimen dictatorial contra las personas refugiadas en dicha embajada junto con el presidente. El 21 de octubre coincide con el aniversario de las Fuerzas Armadas hondureñas. El arzobispo Rodríguez Madariaga, que bendijo el golpe de Estado, participó en las celebraciones. Respecto a los procedimientos que realiza el ejército ante la embajada brasileña, se interrogó al comandante de las Fuerzas Armadas, general Romeo Vásquez Velásquez, uno de los principales ejecutores del golpe. Dijo que no sabía nada. Se interrogó también al ministro de Defensa del régimen de facto, que respondió con improperios contra lo resuelto ese día en la reunión del Consejo Permanente de la OEA.
En dicha reunión, efectuada en Washington, el embajador de Brasil ante la OEA, Ruy de Lima Casaes e Silva, dijo que los ocupantes de la embajada están sometidos a ataques inhumanos que se han ido intensificando. Además del lanzamiento de gas lacrimógeno, ondas sonoras y gases de efectos no identificados en los primeros días, se sumaron potentes lámparas de luz que apuntan a las ventanas durante toda la noche y efectos sonoros que impiden dormir, bocinazos y ruidos provocados por los policías imitando sonidos de animales. Las casas vecinas a la sede diplomática fueron evacuadas para facilitar medidas como el corte de agua y luz. Durante las 24 horas del día hay guardias armados, subidos en dos plataformas instaladas frente a la embajada, que vigilan con prismáticos el interior del edificio. En cuanto a la comida, manifestó que el suministro es limitado, viene preparada desde el exterior, es revisada por los policías y olida por perros; a menudo se tarda horas en entregarla y queda expuesta al sol. El Consejo Permanente condenó por unanimidad estos actos ilegítimos, violatorios de las Convenciones de Ginebra, y reclamó su cese.
La reunión consideró también, a pedido de Zelaya, el estancamiento de las negociaciones en la mesa de diálogo, a partir de la propuesta del régimen de facto de que el retorno de Zelaya a la presidencia sea consultado con la Suprema Corte de Justicia y el Congreso y que, en los hechos, Zelaya acepte que en Honduras no se dio un golpe de Estado. El secretario general José Miguel Insulza consideró que el diálogo debe proseguir, sobre la base del Acuerdo de San José. El delegado de EEUU en el Consejo, que se sumó a la condena por los hechos ante la Embajada de Brasil, instó a Micheletti a cumplir el Acuerdo de San José y a restituir a Zelaya como condición para que se reconozcan los resultados de las próximas elecciones.
Los delegados de Micheletti en la mesa de diálogo se limitan a repetir machaconamente que se ha llegado a un consenso sobre gran parte del Acuerdo de San José y que sólo falta resolver un punto. Pero ese punto es nada menos que la restitución de Zelaya. O sea lo esencial. Sobre esa base siguen maniobrando, y especulan con que las elecciones del 29 de noviembre colocarán al país frente a un hecho consumado.
Pero el Frente Nacional de Resistencia les ha salido al paso con decisión. En el primer punto de su Comunicado Nº 30, bajo el lema «Aquí nadie se rinde», denuncia las tácticas dilatorias y las maniobras manipuladoras, reclama la restitución de Zelaya, condena la continuidad de la represión y reitera que «el pueblo hondureño desconocerá la campaña y los resultados del proceso electoral del 29 de noviembre mientras se mantenga el régimen de dictadura que la oligarquía sostiene con la fuerza de las armas». A la vez destaca «la crisis económica a la que nos está llevando el régimen de facto y que provoca el aumento de los niveles de pobreza de la población». Este es un hecho que confirman las entrevistas realizadas estos días en Honduras.
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