ONU. El 92% de la producción mundial sale de la conflictiva nación centroasiática

Afganistán: el opio mata a más occidentales que la guerra

Con un 92% de todo el opio que se produce en el mundo, Afganistán alimenta un mercado de 65.000 millones de dólares que financia a grupos insurgentes y criminales, especialmente en Asia Central, Rusia y los Balcanes, según un informe publicado en Viena.

Esta droga, consumida por 15 millones de toxicómanos, causa unos 100.000 muertos por año y acentúa la progresión del virus del sida, recuerda la Onudc.

«Confiscar el opio afgano en su lugar de producción es infinitamente más eficaz y más barato que intentar hacerlo en su lugar de consumo», subrayó el director general de la agencia, Antonio María Costa, al tiempo que llamó a la comunidad internacional a desplegar más medios en el terreno.

A título de comparación, el número anual de víctimas de los productos opiáceos en los países de la OTAN (10.000 muertos) es cinco veces superior a las bajas sufridas por la Alianza Atlántica en ocho años de guerra en Afganistán. También Rusia sufre más muertes debidas a la droga en un año (30.000 muertos) que en diez años de guerra de la URSS en el país asiático (1979-1989), señala el informe.

Pese a un ligero descenso desde 2007, la producción de opio afgano se disparó en diez años para alcanzar a 6.900 toneladas en 2009, superando al consumo mundial.

Sin embargo hasta hace poco la lucha contra los traficantes no figuraba en el mandato de las fuerzas de la OTAN desplegadas en el país.

«La implicación directa de los talibanes en el tráfico de opio les permite financiar una maquinaria de guerra cada vez más sofisticada y extendida», subraya Costa, recordando que los islamistas ya no dudan en trabajar con las organizaciones criminales.

Según la Onudc, los talibanes obtienen hasta 160 millones de dólares anuales por el narcotráfico.

La organización se alarma por otra parte del hecho de que las reservas ilegales de opio continúen creciendo de forma vertiginosa. Actualmente son ya de 12.000 toneladas, es decir más de dos años de consumo mundial.

«Con tanto opio en malas manos, resulta más urgente que nunca localizar y destruir esas reservas», considera Costa.

Otro dato inquietante: el tráfico de opio y sus repercusiones financieras ocultas se extienden por Pakistán y toda Asia Central, donde puede alimentar «un terrorismo a gran escala que amenaza los recursos energéticos de la región», según la Onudc.

Las zonas tribales en la frontera afgano-paquistaní, por donde transita un 40% del opio afgano, se han convertido en «la mayor zona de libre comercio del mundo para todos los productos ilegales: droga, armas, elementos para la fabricación de bombas, dinero del narcotráfico y seres humanos», recuerda Costa.

Además del esfuerzo en Afganistán y Pakistán, la Onudc preconiza una lucha reforzada contra los traficantes en los otros países de tránsito y consumo. Sólo se intercepta el 20% del opio afgano en el mundo, en gran parte en Irán.

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