MONDO CANE

En las islas de Hawai (EEUU) la recesión impone severas medidas de austeridad en las escuelas, que cerrarán un día por semana hasta el fin del año escolar, según un comunicado de las autoridades de ese estado del océano Pacífico publicado el martes. A partir de esta semana, los 171.000 alumnos hawaianos no acudirán a la escuela los viernes y pasarán 163 días en clases contra 180 en promedio a nivel nacional, el tiempo escolar más bajo del país. Los servicios escolares de Hawai, el estado natal del presidente estadounidense, Barack Obama, necesitan ahorrar 468 millones de dólares en dos años. El cierre del viernes impone un día libre forzado a 13.000 profesores en 256 escuelas.

Los nicaragüenses son «alcohólicos», los tailandeses «no tienen literatura» y en Brasil «se puede comprar todo»: la BBC reveló algunas cartas de despedida poco diplomáticas de los embajadores británicos.

Hasta 2006, los embajadores que abandonaban su cargo enviaban una carta al Ministerio de Relaciones Exteriores. Las misivas no debían salir generalmente del Foreign Office, lo que permitía aliviarse. Pero la BBC empezó a divulgar el martes los extractos más destacados en una serie de programans en la radio 4. «La periferia de los pueblos es sórdida a un nivel que sorprende al visitante llegado de Europa. Cuando llegamos, provocamos sin querer una cierta vejación al preguntar el nombre del pueblo que acabábamos de cruzar. Se trataba en realidad de la capital, Managua», escribía en 1967 el ex embajador en Nicaragua, Roger Pinsent. El diplomático no parecía admirar más a los habitantes del país: «Temo que no plantea ninguna duda que el nicaragüense es uno de los sudamericanos más deshonestos, violentos y alcohólicos», escribía. Su colega en Tailandia entre 1965 y 1967, Anthony Rumbold, se reservaba sus críticas para la cultura local: «No tienen ninguna literatura, ni arte pictórica, y su música es muy extraña».

Marcos Antonio da Luz tiene 34 años y desde hace ocho años se gana la vida haciendo espectáculos de faquir frente a decenas de porteños que miran temerosos cómo el hombre se acuesta a diario sobre afilados vidrios esparcidos sobre la calle peatonal Florida de Buenos Aires.

«Al principio me lastimaba. Me he cortado varias veces, pero con el tiempo me di cuenta de cómo hacerlo», comentó a AFP Marcos Antonio, tras caminar y acostarse con los pies y el torso desnudos sobre penetrantes fragmentos de botellas.

El ‘Faquir de Florida’ ­que nació en Santa Catarina y llegó a Buenos Aires tras una argentina con la que tuvo un hijo­ contó que heredó de su padrastro el gusto por este oficio.

«Yo era un chico de la calle y fui adoptado por un señor que trabajaba de faquir en un circo. Cuando yo tenía 15 años él se retiró y me enseñó. Desde entonces vivo de hacer espectáculos en la vía pública. Primero fue en Río de Janeiro, San Pablo y luego en Buenos Aires», afirmó en español.

Marcos Antonio es consciente de que produce cierto escalofrío entre el público cuando le muestra los trozos de vidrio sobre los que se recuesta, incluso con varios kilos sobre su espalda para hacer mayor presión.

Todos los veranos entretiene con un show callejero de tres horas a los miles de turistas que visitan Mar del Plata, el balneario más importante de Argentina, 400 kilómetros al sur de Buenos Aires.

«La calle te enseña, es la mejor facultad para la vida», filosofa el hombre y asegura que los bonaerenses son agradecidos con las propinas.

«Me pusieron hasta un billete de 100 pesos» (unos 20 euros), relató.

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