Río de Janeiro. Unos 1.700 efectivos en un operativo contra narcos

Policía a la caza de quienes derribaron su helicóptero

La Policía de Río de Janeiro buscaba ayer, lunes, a los criminales que derribaron uno de sus helicópteros, con saldo de tres policías muertos, en una demostración del creciente poder de ataque del crimen organizado que pone en jaque la imagen de la ciudad sede de los Juegos Olímpicos de 2016.

El lunes, 1.700 policías patrullaban la zona del célebre estadio de Maracaná (norte de Río), en donde se ubican favelas en las cuales enfrentamientos entre traficantes y policías dejaron el sábado 17 muertos, tres de ellos policías.

Dos policías murieron al estallar el helicóptero en el que viajaban, derribado por los traficantes, y otro falleció el lunes a consecuencia de las heridas. Los demás muertos son considerados presuntos traficantes por parte de las autoridades.

A pesar de ser comunes en Río de Janeiro, en donde los narcotraficantes controlan muchas de las 1.000 favelas de la ciudad, los enfrentamientos del sábado registraron un hecho poco común que mostró el creciente poder de fuego de los delincuentes en la ciudad. Un helicóptero de la Policía fue alcanzado por tiros y obligado a aterrizar de emergencia, tras lo cual explotó y quedó reducido a cenizas.

El aparato participaba de un operativo policial destinado inicialmente a controlar un enfrentamiento entre dos bandas rivales de traficantes de drogas en la favela Morro dos Macacos.

Los enfrentamientos pusieron de relieve el gran desafío que enfrentan las autoridades brasileñas de cara a la organización de los Juegos Olímpicos y también para la Copa del Mundo de fútbol de 2014, de la cual Río será una de las sedes. «El poder de fuego de los traficantes en Río es asustador. Los bandidos tienen armas capaces de derribar pequeños aviones; eso es muy grave. Es la primera vez, en Río y en Brasil, que derriban un helicóptero en acción», dijo este lunes a la AFP Dilson Ferreira Anaide, presidente de la Asociación de Oficiales Militares del Estado de Río. El año pasado, nueve metralletas de alto calibre (.30 según las autoridades) fueron decomisadas por la Policía, en favelas de la ciudad. Según Ferreira, «en un país con las dimensiones de Brasil y con fronteras mal vigiladas, es fácil hacer entrar armas y droga».

«Y armas poderosas, terminan en manos de grupos paralelos de poder», deploró.

Ferreira evocó asimismo el problema en las prisiones brasileñas, «igualmente mal vigiladas (…) incluso cuando se trata de prisiones de alta seguridad».

Fuentes policiales, citadas por la prensa el lunes, indicaron que la invasión de la favela Morro dos Macacos (el Cerro de los Monos, en español) el sábado, habría sido ordenada por un jefe del tráfico de estupefacientes en Río que se encuentra en la prisión de máxima seguridad de Catanduvas, en el estado de Paraná (sur), deseoso de retomar el control del comercio de drogas en esa comunidad.

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