Víctimas de jarabe envenenado
Familiares de víctimas de un envenenamiento masivo ocurrido en Panamá en 2006 por la ingesta de un jarabe para la tos contaminado, siguen clamando justicia tres años después de la mayor tragedia sanitaria en este país, que dejó al menos 134 muertos.
Un comité de familias de víctimas cumplió su aniversario este fin de semana luchando judicialmente en Panamá y España para conseguir indemnizaciones, así como tratamiento para las personas que quedaron con secuelas de por vida.
«Llevamos tres años luchando por una justicia real y verdadera y exigiendo saber la verdad de todo este genocidio», dijo a la AFP Mitzila Donado, portavoz del Comité de Familiares por el Derecho a la Salud y la Vida. Adolfo Nieto, de 57 años, era inquieto y siempre buscaba tareas para hacer. Vivía de un negocio familiar, pero todo se truncó cuando acudió al médico, contó a la AFP su esposa, Viodelda de Nieto.
El médico le recetó un expectorante sin azúcar, para hipertensos y diabéticos, que terminó siendo un veneno contaminado con «dietilenoglicol», un producto de uso industrial, no apto para el consumo humano.
Este producto se encontraba en nueve toneladas de glicerina enviadas por el grupo chino CNSC Fortune Way Company a la farmacéutica española Rasfer Internacional, que las vendió a la compañía Medicom de Panamá para elaborar el jarabe, distribuido gratuitamente a los pacientes del Seguro Social panameño.
Nieto murió el 23 de diciembre de 2008, un día después de cumplir 30 años de casado y después de pasar un calvario con sesiones continuas de diálisis y una operación del cerebelo en Estados Unidos.
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