¿ LEY NATURAL?
Después de todo, en los países democráticos la opinión pública es libre para manifestarse y es un virtual aliado para las protestas. Pero a menudo la pasividad de los sectores más activos y más movilizados en los países democráticos frente a los excesos de las dictaduras llega a lo escandaloso.
Es lo que sucede en estos momentos con la aparente resignación universal a la bárbara represión a la oposición en Irán. Cuando una dictadura es fuerte, hay quienes parecen creer que responde a una ley natural. Pero no hay ninguna ley natural que obligue a los pueblos a soportar gobiernos opresores.
Ningún observador bien informado duda de que las elecciones en junio fueron robadas por el presidente Mahmud Ahmadinejad y por los grupos ultraconservadores que lo apoyan. Asimismo son inequívocas las evidencias acerca de brutales apaleamientos, violaciones y torturas en las cárceles iraníes. Por ello, parece un claro acto de cinismo la persecución pretendidamente legal del clérigo reformista Mehdi Karroubi por haber denunciado violaciones y torturas de las cuales existen amplias evidencias. Mehdi Karroubi, que obtuvo el cuarto lugar en las elecciones presidenciales de junio y fue presidente del Parlamento en dos oportunidades. Si se procede así con un clérigo influyente, ¿qué cabe esperar del trato a jóvenes estudiantes? La corresponsal en el Medio Oriente del diario francés «Le Figaro», Delphine Minoui, cuenta el caso de un joven que fue liberado a fines de julio y que por supuesto sólo aceptó ser entrevistado si se respetaba su anonimato. Fue violado y ferozmente maltratado y al salir de la cárcel se refugió en un silencio total. «Sólo después de muchos días pude recuperar la confianza en mí mismo, acepté lo sucedido y renuncié a la idea del suicidio».
Según la periodista francesa, numerosas víctimas no se atreven a hablar porque sus denuncias podrían utilizarse en su contra. Da como ejemplo del silencio forzado impuesto a Irán, el caso del responsable del cementerio Behecht e Zahra, que desmintió el entierro de decenas de las víctimas de la violencia poselectoral en fosas no identificadas. Unos días antes, el lugar de información reformista «Norooznews» reveló que más de 40 cuerpos, congelados previamente en una unidad de «depósito industrial», habían sido inhumados entre el 12 y el 15 de julio en tumbas innominadas. Según un balance oficial, unas 30 personas habrían fallecido en las manifestaciones que siguieron al escrutinio del 12 de junio, pero la oposición habla de por lo menos 69 muertos mientras que algunos diplomáticos occidentales sostienen que el saldo de víctimas llegó a 300.
El terror masivo lleva a muchos a huir del país. Entre los fugitivos hay muchos familiares de allegados al régimen. Es el caso de la hija del consejero de prensa y asuntos culturales del presidente Ahmadinejad, Narges Kalhor. Según informa «Le Figaro» del 13 de octubre, Kalhor, que es cineasta, pidió asilo en Nüremberg, Alemania, durante un festival cinematográfico al que fue a presentar su película «Darkhish» (Libertinaje), en la que condena el uso de la tortura y la barbarie del totalitarismo.
El padre de la fugitiva explicó a la agencia oficial IRNA que ignoraba las intenciones de su hija ya que hace un año se divorció de su esposa, por la oposición de ésta al régimen, y su hija fue a vivir con ella. Por su parte, la joven disidente no descartó la posibilidad de que su padre cambie de opinión y «se una a los millones de personas que salieron a las calles reclamando libertad».
Una de las profesiones más expuesta a las persecuciones del régimen es el periodismo. La organización Periodistas sin Fronteras, que promueve la libertad de prensa y monitorea la seguridad de los periodistas en todo el mundo, manifestó que la cantidad de periodistas que abandonaron Irán fue mayor desde los años que siguieron a la revolución islámica de 1979.
Nazila Fathi, del «New York Times», escribió que muchos periodistas en Teherán, incluyendo al reportero de la revista «Newsweek», Maziar Bahari, fueron arrestados y encarcelados. Algunos han sido incluidos en los juicios masivos organizados por el gobierno. La esposa de un periodista, Ahmad Zeidabadi, dijo que él había sido torturado en la prisión.
Mahmud Shamsolvaezin, un periodista veterano, estima que unos 2.000 periodistas iraníes perdieron sus empleos y explicó: «Los periodistas se están yendo más que otros grupos porque el gobierno cerró muchos periódicos y ha intimidado sistemáticamente a quienes se negaron a seguir las directivas del régimen a no informar de ninguna protesta.»
El número exacto de periodistas que abandonó el país se ignora. Algunos temen que sus familias sufran represalias si el gobierno se entera que se fueron. Otros temen revelar su destino en países vecinos como Turquía e Irak, temiendo que sean extraditados a Irán.
Pese a la severa y sistemática represión a fotógrafos indiscretos y a periodistas inconformistas, el régimen ultraconservador islámico no ha logrado matar a la prensa libre, que se ha refugiado en el elusivo ciber espacio. Según la revista de cultura y tecnología «Shift», hay más de 1.200 blogs opositores en idioma persa en Internet.
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