APROBADO EL INFORME GOLDSTONE
La votación arrojó 25 votos a favor, 6 en contra y 11 abstenciones,»en consecuencia está aprobado», indicó el presidente del Consejo de DDHH, reunido desde el jueves en sesión extraordinaria a pedido de la Autoridad Palestina con el apoyo del grupo árabe, de la Organización de la Conferencia Islámica y de los países No Alineados. Lo realmente trascendente es que el texto aprobado solicita al Consejo de Seguridad de la ONU que eleve el informe a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya.
Esto es lo que más teme el gobierno de Israel, ya que en este caso la Corte Internacional de Justicia podría resolver juzgar a los dirigentes políticos y a los jefes militares israelíes responsables de la operación «Plomo Fundido» y emitir mandatos de detención internacional en su contra. El fiscal en jefe de la CIJ, el argentino Luis Moreno Ocampo, anunció hace un mes que había iniciado investigaciones preliminares sobre posibles crímenes de guerra de Israel en la Franja de Gaza (véase la nota del 19 de setiembre, «Crímenes de guerra de Israel»).
Antes de esta decisión del Consejo de DDHH, el gobierno de Israel lanzó una violenta andanada contra el informe Goldstone y contra la posible decisión de la reunión de Ginebra, procurando curarse en salud. Era la reiteración de la actitud que mantuvo desde que se conoció el informe, que en sus 574 páginas desmenuza los crímenes cometidos por las tropas israelíes en su ofensiva de tres semanas y afirma que en su transcurso «Israel usó un poder de fuego desproporcionado». El gobierno de Netanyahu no negó estos hechos, sino que se quejó de que solamente cuatro páginas del informe estuvieran dedicadas al lanzamiento de cohetes desde Gaza a las poblaciones del sur de Israel, lo que unido a otras acciones de los palestinos aparejó la muerte de 13 israelíes, casi todos soldados. Israel estigmatizó el informe y la mayor parte de su prensa lo atacó de manera desconsiderada, utilizando el estribillo de que es una muestra de antisemitismo, en este caso por parte de un judío complaciente, pero la hija del juez, Nicole, declaró a la radio militar israelí que su padre es «un juez sionista, amante de Israel».
En este caso hay todavía más. Porque ya el Consejo de Seguridad de la ONU tomó cartas en el asunto, y el miércoles 14, o sea antes de la resolución de su Consejo de Derechos Humanos, se reunió en Nueva York a pedido de Libia e instó con firmeza al gobierno de Israel a efectuar sus propias investigaciones acerca de las acusaciones que figuran en el informe Goldstone.
Una nota de «Le Monde» señala que a principios del mes en curso el presidente de la Autoridad palestina había aceptado, bajo presión de Estados Unidos, dilatar hasta el año próximo el análisis de un texto de condena a Israel por su ausencia de colaboración con la comisión investigadora de los hechos registrados en la Franja de Gaza. Pero luego, ante duras críticas de Hamas y de su propio campo, Mahmud Abbas dio marcha atrás y solicitó la reunión extraordinaria del Consejo, con los resultados señalados.
Ello se une a las construcciones de Israel, que prosiguen sin cesar en Cisjordania y en Jerusalén Este, en violación contumaz de la ley internacional. El primer ministro conversó una y otra vez con el delegado especial de Obama a la región, George Mitchell, quien reclamó la detención de las construcciones y un retorno a la mesa de diálogo. Pero estas demandas tuvieron el mismo efecto, para emplear un dicho judío, que unas sanguijuelas aplicadas a un muerto. En una visita a la localidad cisjordana de Ramalá, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, urgió ayer al gobierno de Israel a detener la colonización en los territorios palestinos y a reanudar el diálogo para alcanzar la paz, pero el resultado parece ser el mismo. Netanyahu no trepidó en anunciar la construcción de centenares de nuevas viviendas adicionales y de edificios públicos en Cisjordania, además de ampliar las colonias existentes, ocupando territorios palestinos y aislándolos entre sí. Por añadidura prosiguen las construcciones en las zonas palestinas de Jerusalén Este, desalojando a los palestinos que allí habitan desde hace varias generaciones.
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