EL ARBOL DE LIMA
En el medio se sitúa la larga peripecia de la mujer que lucha en todos los terrenos, incluso en varias instancias judiciales, por salvar sus árboles, contando con la ayuda de un joven abogado palestino con el cual se involucra sentimentalmente. Pero este relato sintetizado, que es correcto, no da cuenta del rico contenido humano de esta incursión en la profundidad del drama del Medio Oriente, planteado a raíz de un tema puntual pero a través de la cual se vislumbra el problema en su conjunto. Sin excluir al muro de la separación, que aparece obsesivamente sobre el final, en la imagen taciturna del ministro de Defensa, quizá cuestionándose a sí mismo y su papel en esta historia.
Esto se logra a través del trazado de varios personajes que parecen extraídos de la realidad misma y que no dudo permanecerán por largo tiempo en la memoria. Me refiero no sólo a la viuda, admirable en su empeño y su tenacidad, su pasión por defender algo que es parte sustancial de su vida. Este es el hilo conductor, sin duda. Pero a mi juicio el personaje mejor trazado, en sus contradicciones íntimas, en la fidelidad a un ideal difuso que choca con la cruda realidad, es Mira Navon, la esposa del ministro. Entre ella y la viuda se establece un lazo misterioso. No intercambian una palabra, pero sus miradas lo dicen todo. La escena de su encuentro, en la puerta de la casa de la viuda, a la que Mira llegó saltando sobre la cerca, y en presencia del agente de seguridad, nos conmueve. Ella comprende toda la realidad, la mira al derecho y al revés. El mensaje es que en todas partes, en todos los sectores sociales, hay gente dispuesta al bien común, a enrolarse a su manera en una causa justa. Por eso, saltando también en esa materia sobre todas las trabas, con todas sus dudas y vacilaciones a cuestas, denuncia la situación y luego se manda mudar e inicia una nueva vida.
El otro personaje excepcional es el viejo Abu Hussam, que trabaja en la plantación desde sus orígenes y es parte integrante de ese paisaje. Cuando se para en medio del juicio para decir, con su lenguaje, que los árboles tienen vida propia, que son seres vivos, es como si su voz surgiera de la tierra misma. Ante esa voz, hasta los militares que conducen la acusación vacilan. Se les ve en los ojos. Hablan un lenguaje burocrático y desalmado, pero se les asoma una pizca de humanidad, aunque terminan dictando la sentencia, atenuándola mínimamente.
Porque otro rasgo esencial de la película es su sutileza, el juego permanente de los matices. No estamos ante una lucha entre ángeles y demonios. El abogado palestino es noble y laborioso, pero tiene rasgos de conformismo. La viuda sufre la incomprensión, en varias esferas, de los dirigentes palestinos en ese radio, que se guían por prejuicios. Pero ella quiere ir hasta el final y no abandona la lucha ni sus árboles, que volverán a crecer. La película (que es de 2008) no hace concesiones, en el sentido de que muestra los rasgos de brutalidad y de insanía de la política del gobierno israelí, con el muro, los soldados armados a guerra a cada paso, los retenes militares. A pesar de ello (o quizá por esa causa) la conclusión última que desprende es que no hay que abandonar las esperanzas y seguir empeñados en la lucha por la paz en Oriente Medio con la participación más amplia de todas las fuerzas conscientes. Que buena falta hace, hoy más que nunca, en la actual situación de impasse en que se encuentra el proceso de paz en la región (y no sólo en ella).
Permítanme un recuerdo personal. La película se titula en hebreo Etz Limon, que se traduce como «árbol de lima», pero en la versión al español se habla de limones y limoneros y se sirve limonada en profusión. La semana pasada los judíos celebraron Sucot, la fiesta de las cabañas, en la cual se utiliza el llamado citrón, que es muy parecido al limón, según nos ilustra una nota publicada en estas páginas. No sé si es la misma variedad que aparece en la película. Lo que yo recuerdo es que en alguna época comí en Sucot cosas muy ricas en la casa del rabino Aarón Milevsky, que era amigo de mi padre. La película me trajo a la mente este recuerdo grato, casi de la infancia.
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