Argentina. Familiares recuerdan a sus muertos de la guerra de las Malvinas

"Era un soldadito bueno", dice una madre llorando

«Era un soldadito bueno», dijo a la AFP Acuña, de 70 años, entre lágrimas, en un camposanto con 230 tumbas, en medio de un paraje desolado.

La madre de Herrera llegó a este archipiélago donde habitan unas 2.400 almas, desde Boulonge, en la periferia norte de Buenos Aires, junto a 200 familiares de los caídos en Malvinas para rendir un homenaje a sus muertos. Deambuló desolada en medio de las tumbas con una mano en su frente, pero sólo se quebró cuando vio el nombre de su hijo en una placa de granito negro, junto a una cruz, en cuyo precinto sujetó un ramo de flores artificiales naranja.

El cementerio de Darwin, donde se libró una de las batallas más encarnizadas de la guerra que comenzó con la invasión de tropas argentinas enviadas por la dictadura del general Leopoldo Galtieri, está enclavado en el centro de la Isla Soledad. A ambos lados, se alza un cenotafio con los nombres de los 649 soldados argentinos muertos, donde el sábado decenas de familiares se detenían para buscar a su deudo, y rompían en sollozos mientras acariciaban el monumento fúnebre. «Te amo», escribió con piedritas Enrique Sosa (52) sobre la lápida de su hermano, el soldado Jorge Sosa.

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